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Anatomía de un terrorista

Khuram Shazad Butt es el nombre del líder de la célula terrorista que atropelló a los peatones del Puente de Londres y que posteriormente se lanzó con cuchillos apuñalando a los asistentes de un pub en la populosa zona del mercado de Borough, a unas cuantas cuadras del puente.

En términos generales, llevaba una vida anodina en el este de Londres, en uno de los barrios históricos prioritarios para la remodelación sustentable de la capital inglesa. El barrio se llama Plaistow, y está cuajado de lugares de entretenimiento para la clase media en ascenso. Khuram era un hombre de 27 años con barba poblada, atlético y delgado, cliente habitual de los gimnasios destinados a la población árabe. Estaba casado y tenía dos hijos pequeños, y combinaba diversos trabajos para mantener a su familia. Uno de ellos era el de mesero en un Kentucky Fried Chicken. El otro, como trabajador del Metro. Conocía bien la estación de Westminster debajo del Parlamento, y pudo haber hecho planes para un atentado de diferente tipo.

Pero desde otro ángulo, la vida de Butt tenía momentos crepusculares, que hubiesen podido definir sus intenciones. En un reportaje del Canal 4 de la BBC trasmitido en 2016, el joven aparece con una bandera negra en una arenga a favor del Estado Islámico en Regent´s Park, en el centro de Londres. Antes de eso, estuvo ligado con una organización islámica radical llamada al-Muhajiroun, que era una academia de aprendizaje de acciones terroristas. Ese grupo se adjudicó una conspiración para llevar a cabo un ataque químico que fue frustrado a tiempo, así como la ejecución de un soldado en las calles de Londres en 2012. Además, Butt fue acusado por una madre islámica de estar adoctrinando a sus hijos en el radicalismo religioso, y en el interior de una mezquita acusó a gritos al iman que encabezaba una ceremonia llamándolo traidor.

De manera que este hombre llevaba una vida común y corriente, con la monotonía de cualquier trabajador sin muchas aspiraciones, pero en su interior albergaba algo mucho más denso y profundo, una acción que lo reivindicase de la mediocridad de su vida y lo llevase al cielo de Alá, con todo y sus vírgenes de regalo.

Hay un fragmento del reportaje de la BBC que resulta cada vez más representativo del sentimiento de Khuram Shazad Butt, sobre todo después de su atentado. Es una imagen en la que asiente con fervor a las palabras de un predicador del islamismo radical que afirma: “esta no es la vida real, hermanos. Estamos aquí solo de paso.”

Y para acelerar el paso, Butt salió a la calle a asesinar a sus semejantes. Una redención por la sangre.

 

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