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Guantánemo

Asilo con rejas

¿Qué hacer con los terroristas que pretenden destruir al país? La salida más sencilla sería matarlos. Pero eso ha demostrado que las secuencias del terrorismo no se detienen. Las organizaciones más fuertes e importantes del terrorismo, que siempre siguen vivas, son motores que impulsan siempre nuevos ataques. Por eso el Pentágono y las autoridades encargadas de la seguridad en Estados Unidos han preferido ampliar sus métodos de inteligencia militar, particularmente los métodos para obtener información antes de que sucedan nuevos atentados.

De ahí, entonces, la importancia de la prisión de Guantánamo.

En la punta oriental de la isla de Cuba, como es sabido, las autoridades militares de Estados Unidos han mantenido la existencia de una prisión especial para mantener con vida a los presuntos terroristas que conforman el gobierno Talibán, Al Qaeda y otras organizaciones similares, como el Estado Islámico o, llegado el caso, los Tigres del Tamil. El propósito siempre es obtener información mediante tortura. Un caso emblemático de los prisioneros que se encuentran en Guantánamo es el de Abu Subaydah que fue encerrado durante varias semanas  en un ataúd mientras estuvo oculto en un sótano secreto de la CIA, y sometido al conocido procedimiento del ahogamiento simulado 83 veces consecutivas. Dijo todo lo que tenía que decir -tal vez nada, porque las organizaciones terroristas no proporcionan información confidencial a sus miembros- y  las autoridades decidieron mantenerlo en vida. Tal vez su caso sirva más adelante.

El problema ahora es que la población de Guantánamo está envejeciendo. Para mantenerla viva hay que acondicionar la cárcel con ciertos ajustes que antes no estaban previstos. Cuestiones muy molestas para los custodios. Hay que llevar médicos, porque ya comenzaron los primeros reemplazos de cadera y rodilla. Hay que instalar rampas para sillas de ruedas, pasamanos en los muros de las celdas y quizás diálisis. Convertir paulatinamente la prisión en un asilo.

Pero que nadie piense que eso es un triunfo de las organizaciones de derechos humanos. No. Negativo. Eso es simplemente la prolongación de una estrategia militar que, aunque no rinda demasiados frutos, sigue siendo la demostración palpable de que Estados Unidos continúa mandando en la isla, y mantiene a los políticos y periodistas atentos hasta que se acabe el terrorismo. O hasta las próximas elecciones.

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