Nada para México

El martes de midterm elections pasó y el resultado fue mixto.

Mientras muchos celebraban el triunfo de demócratas en bastiones republicanos como Florida, Trump y su camarilla iniciaron el combate contra la nueva mayoría demócrata de la cámara de Representantes.

Estos resultados divididos no dejan ninguna duda del tipo de elección que nos espera en 2020: dividida, con dos discursos políticos radicalmente opuestos y con un presidente que usará cualquier recurso que le ayude a conservar su puesto, sin duda usando las herramientas que más le gustan: mentiras, ataques e intimidación y uso de los peores prejuicios y anti valores.

Personalmente este escenario me deja muchas dudas sobre el futuro, con la excepción del papel que nuestro país ocupará en el discurso de la carrera presidencial.

Y es que uno de los hechos innegables de las recientes campañas de medio término en Estados Unidos, es que el uso del miedo y de los dichos racistas fueron una de las principales armas de confrontación.

Y le funcionó bastante bien. Así como Trump no tiene miedo de ser ejemplo de verborrea racista y discriminadora, tampoco le tiembla la mano al momento de llevar a cabo acciones completamente fuera de toda razón para apuntalar sus dichos.

La militarización de la frontera como medida para rechazar una caravana de inmigrantes nos indica la pauta de su forma de actuar. Recordemos que esta caravana de personas que solicitan asilo y que está compuesta en gran medida por familias fue usada como pretexto para enviar tropas a la frontera, debido a que el presidente del copete rubio vio la oportunidad para fortalecer su discurso aislacionista y xenófobo con acciones concretas en los días previos la martes de elecciones intermedias.

De igual forma, su famoso comercial racista, también centrado en los inmigrantes que caminan hacia la frontera sur de su país, deja claro que para él los latinos solo somos criminales, asesinos y pandilleros, nada más.

Otra “idea” que el mandatario estadounidense lanzó, muy cerca de estas elecciones, fue la de negar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes ilegales nacidos en suelo norteamericano. Esto sin que haya podido explicar una buena razón para proceder contra los recién nacidos y sus derechos humanos.

Por todo esto es razonable pensar que, si este fue el tono de su campaña de apoyo a los candidatos del GOP, el discurso que usará para ser reelegido empleará peores términos y actitudes, usando como blanco cualquier grupo de personas que le sirvan como galvanizadores del voto duro del miedo y la discriminación.

Eso no es una buena noticia para México. Trump torcerá cualquier tema de forma tal que parezca que su discurso es correcto, con el único objetivo de lograr quedarse 4 años más dirigiendo su país y nosotros somos una mina de oro para él.

Un ejemplo de eso lo constituirá el fin de la mini luna de miel entre ambos gobiernos a raíz de la firma del nuevo TLCAN (no queda otra denominación correcta para mi), en cuanto los tiempos políticos de USA lo hagan conveniente para el trumpetero presidente.

El nuevo tratado sirvió a su propósito en ambos lados de la frontera: dar un final decente a uno de los sexenios mas criticables de la historia reciente en México y dar argumentos electorales al presidente de Estados Unidos para usarlo en las elecciones de medio término.

Sin embargo, de acuerdo con su estilo, Trump dirá que, a pesar del tratado y sus palabras a favor de México en aquél momento, los mexicanos no dejan de ser un wild bunch de bad hombres o algo por el estilo. También es muy posible que repita la idea que si logramos cruzar la frontera nos dedicaremos a matar policías, asesinar ciudadanos blancos y violar a sus mujeres, pero de una forma aun peor que como lo hizo en los últimos días.

Sin duda, como nunca antes, la carrera presidencial 2020 de Estados Unidos nos afectará, y el resultado dividido del 6 de noviembre ha dejado claro que nada se ha decidido aún.

La ola azul no ocurrió y eso deja una gran incertidumbre acerca del futuro de las relaciones entre México y nuestro vecino norteño, sin ninguna garantía política real para nosotros.

Es como si una gran pirinola hubiera caído en la línea fronteriza, indicando “todos pierden”.

 

Democracia, justicia y reparación

Hagamos un ejercicio, querido lector. Dígame que es lo primero que piensa cuando le digo “democracia”.

Sin duda muchas palabras e imágenes se deben venir a su mente: el INE y el Tribunal Electoral, frases y rostros de uno o varios candidatos, quizá el costo de las campañas o el recuerdo de las largas filas que se formaron en muchas casillas para poder votar.

Sin embargo, dudo que muchos de nosotros hayamos pensado cosas como impartición de justicia o imaginado un proceso de reparación ante la falta de ésta. Mucho menos una relación entre dicho término y situaciones como la desaparición de personas en nuestro país.

Y es que la imagen que se ha construido ante México al hablar de la democracia se ciñe al ámbito electoral, casi sin excepción. Pareciera que el trabajo de las instancias electorales y de los ciudadanos que buscan construirla se queda solamente en el primer domingo de julio en que emitimos los votos y elegimos a nuestros representantes y gobernantes.

Sin duda, esto es un error.

No se puede negar que el ámbito electoral es fundamental para la existencia de la democracia, pero tampoco podemos quedarnos en la miopía de pensar que es, también, su final. La democracia tiene tanto que ver con el derecho al voto, como con el derecho a la justicia y la reparación de los daños de cualquier víctima. En otras palabras, hablar de la democracia es referirse al ejercicio de todos los derechos por parte de personas y ciudadanos.

Esta es una labor que se debe llevar adelante por parte de todos los actores, ya sean institucionales, de la sociedad civil y políticos, lo que significa que se debe colaborar de formas novedosas y específicas.

Justo esto fue lo que sucedió el pasado viernes 7 de septiembre, cuando el Instituto Nacional Electoral y la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas firmaron un convenio de colaboración para que la base de datos personales más grandes de nuestro país se pueda utilizar para apoyar la búsqueda y localización de mexicanos que son buscados por sus familias.

Quizá, a primera vista, este convenio no suene como construcción de la democracia, acostumbrados como estamos a pensar solo en el aspecto electoral. Sin embargo, al pensarlo por un minuto veremos que, en realidad, la desaparición forzada de personas y los múltiples asesinatos resultantes no son otra cosa que la negación máxima de los derechos de las personas.

En el caso de las víctimas se les niega su derecho a la libertad y a la vida, con respecto a las personas que los buscan se les niega el derecho a saber y conocer qué ocurrió con sus seres queridos. A esto hay que sumar la negación al derecho a que se haga justicia y se les repare el daño cometido. En ninguna democracia debe existir esto, mucho menos como una constante.

Ahí radica la importancia de que existan instancias como la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, las cuales trabajan para rectificar esta situación y finalmente se haga justicia a las víctimas y sus deudos.

De igual forma, el que exista una base de datos tan extensa, confiable y profunda como es el padrón electoral elaborado por el INE, es un factor que favorece esta lucha y, más allá de las urnas, impulsa la construcción de nuestra democracia.

Si aún no ve la conexión entre ambos temas piense en la transparencia y el libre flujo de información. Conocer la identidad de las personas que se encuentran desaparecidas o que han sufrido una muerte violenta es una forma de transparentar la situación por la que atraviesa nuestro país y aclarar el paradero de los desaparecidos.

En cuanto a la libertad de la información, una vez que se pueda identificar a las personas que han sido víctimas, estaremos más cerca de conocer qué fue lo que ocurrió y hacer un mapeo de la violencia y sus razones a lo largo y ancho de México. Con esto la justicia tendrá una mayor oportunidad de ser ejercida eficazmente y se podrán emprender las reparaciones de cada caso.

En otras palabras, el que estas dos instancias se unan para encontrar a las personas desaparecidas es un acto de justicia democrática, en el que la impunidad se combate con trabajo e información, no con balas y violencia.

Ojalá el ejemplo cunda y nuestra democracia siga creciendo. ¿Ahora qué se le viene a la mente cuando le pido que piense democracia?

 

Dichos y contradichos

Hay que dilucidar si esta transición que vivimos debe ser considerada como uno de los tiempos más interesantes de las últimas décadas o si, por el contrario, estamos en medio de una maldición de proporciones orientales.

Para esto analizamos algunas señales importantes que ha enviado nuestro, ahora sí, presidente electo y su equipo de campaña.

COMBATIR LA CORRUPCIÓN
Sin duda el tema que decidió la elección del pasado 1º de julio, el que tiene harto a gran parte del país. La esperanza que impulsó la elección de una opción política completamente nueva radicó en la promesa de terminar con la corrupción. Sin embargo, las señales han sido contradictorias.

La negativa a realizar la tan solicitada y urgente reforma del 102 constitucional y la falta de pronunciamientos sobre la posibilidad de completar el SNA, particularmente en lo que se refiere a los magistrados anticorrupción, nos dejan pensando que quizá la lucha será mucho menos efectiva de lo que desearían los electores.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Desde la tribuna de la Sala Superior del TEPJF, al recibir su constancia como presidente electo, López Obrador se comprometió a realizar un gobierno democrático, sin inherencias y sin imposiciones.

Sin embargo, en días pasados cedió a la tentación de hacer algo que no es tan bueno, por las razones correctas. Al hablar de Carmen Aristegui y Gutiérrez Vivó dejó claro que pensaba intervenir “de forma respetuosa” para que regresaran al aire ambas figuras icónicas del panorama informativo mexicano.

Sin embrago, a pesar de que es positivo su compromiso en favor de la libertad de expresión y los espacios críticos en los medios, no es una buena idea que se pronuncié al respecto. El presidente no puede regir sobre todos los aspectos de la vida nacional, en especial en lo que se refiere a las condiciones contractuales entre empresas y particulares en medios de comunicación.

Hacerlo, apesara de las buenas intenciones, sentará un precedente que nos regresa a la época en que nadie se movía, o salía fuera de la foto.

REFORMAS ESTRUCTURALES
En medio de la polémica se anunció que Manuel Bartlett será el nuevo director general de CFE. Más allá de la historia de una figura tan polémica, se ha vuelto a caer en la contradicción.
Sin tregua ni descanso, el otrora candidato morenista repitió en la campaña que las reformas estructurales serían desmanteladas, por el bien de la mayoría.

Sin embrago, el expriista y casi ex senador del PT declaró que no habría cambios en el sector eléctrico, que la reforma estructural había dado resultados y se respetaría.
Sin duda la pregunta aquí es ¿entonces qué era lo que se ofreció en las campañas?

AICM
Sin duda otro de los temas que más radicalizaron las opiniones durante el proceso electoral 2018, fue el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En todo momento que se habló del tema la palabra cancelación era la constante. Sin embargo, al realizar la presentación ante los medios, el pasado 17 de agosto, se habló de dos opciones claramente diferenciadas, con sus pros y contras.

El próximo titular del ejecutivo federal, decidió que se dejará en manos de una consulta al pueblo de México. No se especificó cuándo, ni el mecanismo que se usará para esto. Si tomamos en cuenta las restricciones que la ley contiene actualmente para las consultas, quizá encontremos la razón de la cautela de AMLO en que aún no toma posesión el nuevo congreso y el nuevo presidente no tiene aún las herramientas para lanzar este tipo de consultas.

Todo lo anterior nos lleva al mismo sitio de incertidumbre en el que iniciamos nuestro camino para reconocernos en el dicho chino y sus “tiempos interesantes”. Los planes y comentario pueden cambiar, como cualquier discurso de campaña que aún no cristaliza en una política pública.

Nuevamente, no queda más que seguir y mirar hacia adelante, tratando de ver con cuidado los sucesos y sus consecuencias y pasar de las elecciones más vigiladas de la historia (que nos dieron una nueva época para nuestro país), al gobierno más acompañado y revisado de la historia, con la esperanza que convirtamos este cambio en algo realmente histórico y no en la maldición china que desean sus detractores.

Eduardo Higuera es Académico, analista y consultor en comunicación política.

 

Tiempos interesantes

Que te toque vivir tiempos interesantes
Maldición / proverbio popular china

La frase con la que abro este escrito es una de mis favoritas de toda la vida, sin embargo, como se anota en la misma, vivir tiempos interesantes puede ser visto como una venturosa ocasión de construir nuestra realidad o como una maldición, la de enfrentar grandes problemas que desafían con desfigurar nuestro tiempo.

El período de 5 meses que existe entre la histórica votación del primero de julio y la toma de posesión del nuevo gobierno será el tiempo en que decidamos cuál de estas dos visiones abrazaremos en los próximos seis años. Sin duda, los tiempos presentes nos obligan a mirar hacia adelante como nunca antes.

Para esto, deberemos seguir el rastro de migajas de pan que las circunstancias han colocado frente a nosotros, con la frialdad y lógica de un Sherlock Holmes. No olvidemos que, al final la forma abordemos las tempestades de los tiempos interesantes constituirán un invaluable aprendizaje. Estas son algunos puntos a considerar.

DE FACTO

Si bien es cierto que todos los sexenios han presentado el fenómeno de la reducción de la presencia política y mediática del presidente saliente para favorecer la del recién electo, es poco probable que haya existido un sexenio donde este fenómeno se haya dado de forma tan contundente como en el presente.

Tras la entrevista protocolaria en el palacio nacional entre al actual presidente y el virtual presidente electo, Peña Nieto ha desaparecido casi por completo de las primeras planas y solo aparece –tangencialmente- en los análisis sobre el estado del país.

Sin duda alguna, tal y como lo hizo en el GDF, López Obrador ha logrado acaparar la agenda mediática y logra que se le perciba, de facto, como una especie de presidente en paralelo en funciones.

Esto ha abonado tanto a su credibilidad como a la incertidumbre. Lo primero al ser percibido por sus votantes como un líder que no descansa ni un minuto y busca cumplir sus promesas de campaña. En cuanto a lo segundo, sus planes (echar atrás las reformas estructurales, cortar salarios a pesar de la pérdida de impuestos, reubicación costosísima de las secretarías federales, etc.) generan muchas dudas entre aquellos que no votaron por él (47% de los votantes, no lo olvidemos) y entre aquellos que decantaron sus votos a favor, más por hartazgo del priismo que por verdadero convencimiento.

RELACIONES INTERNACIONALES

Un tema que ha sido tocado de forma muy ligera ha sido el impacto de potencial de los planes de nuestro nuevo presidente en el ámbito de las relaciones internacionales.

Sin duda el enroque que colocó a Marcelo Ebrard como el próximo canciller mexicano, habla de una preocupación sobre el tema y de la necesidad de un negociador hábil al frente de la SRE para lograr mantener el balance entre México y sus socios comerciales, especialmente USA, y los planes de auto suficiencia alimentaria y energética que se han prometido en tiempos de campaña

El vecino Trumpetero y nuestro virtual presidente electo parecen haber congeniado, tras la visita de la misión estadounidense y el intercambio de comunicaciones. Sin embargo, no debemos perder de vista que ambos mandatarios son personajes carismáticos y orientados hacia su visión particular de la política y la vida, es decir no se detienen fácilmente por razones de protocolo o formas institucionales si eso puede afectar sus planes o la visión que tiene de sí mismos.

México es un país que se encuentra profundamente conectado al mundo como resultado de 30 años de apertura y que depende en gran medida de su comercio con el exterior para muchas áreas de su industria y sectores de comercio/servicios. Esto a pesar de los golpes asestados desde Estados Unidos desde que Donald llegó al poder.

¿ENTONCES?

Estos dos temas tratados en la entrega del día de hoy son solo la punta del iceberg por lo que nos queda por analizar seguridad, campo, composición de gabinete y ataque a la corrupción, como temario mínimo, para poder determinar qué clase de tiempos estamos viviendo al final. Mientras tanto acepto sus comentarios y sugerencias en @HigueraB.

La corrupción en el centro

Tenemos frente a nosotros la oportunidad para que se completen los nombramientos faltantes para completar el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y dotar de todos los recursos que le han escamoteado a su Comité de Participación Ciudadana (CPC).

El pasado domingo sucedió lo que muchos veían como un imposible. Tras dos intentos fallidos la mayoría de los votantes de nuestro país depositaron su confianza en Andrés Manuel López Obrador para asumir la presidencia de la república, a finales de este año.

Mucha tinta, saliva y sudor ha corrido desde el inicio de la campaña, pero al final se confirmaron las tendencias de las encuestas, el triunfo de la coalición Juntos Haremos Historia fue tan contundente que en menos de una hora sus tres contendientes habían ya reconocido su triunfo.

Las cifras que el PREP fue presentando a lo largo del 2 de julio lo confirmaban. Algo parecido sucedió con las elecciones para el Congreso, las nueve gubernaturas y las alcaldías de la capital. Morena salió triunfante en la mayoría.

Esto otorga al gobierno que encabezará Andrés Manuel una oportunidad histórica. El capital político que al iniciar su mandato es comparable en lo cuantitativo a las épocas del carro completo priista, a lo que se suma una extraordinaria legitimidad surgida de los votos ciudadanos y un margen de maniobra que le permitirá aprobar sus proyectos y políticas en el congreso.

Todo esto, derivado del logro “imposible” de la victoria obradorista nos permite imaginar que México podría realizar otros objetivos más, como el combate a la corrupción.

Uno de los ejes del discurso de campaña de Obrador giraba alrededor de acabar con la corrupción y recuperar hasta 500 mil millones de pesos anuales que México perdía por este flagelo. De igual forma, una de las grandes críticas que se le hizo durante la contienda fue que se necesitaba mucho más que simple voluntad para poder lograrlo, se necesitaban políticas de estado y planes concretos.

Imaginemos que dentro de los 100 días iniciales de su Gobierno Andrés Manuel envía las propuestas de los magistrados anti corrupción y permite que los fondos lleguen al CPC, el cual ha surgido del intento de asfixia económica por parte del gobierno de Peña Nieto.

¿Imposible?, no lo creo. Solo hace falta voluntad política.

Es más, lo mejor que podría pasar sería que el nuevo presidente de México enviara al nuevo Congreso, compuesto por una mayoría favorable, una propuesta de ley para ampliar y profundizar el SNA y después buscar la aprobación expedita de los magistrados y, de ser necesario reconformar el CPC.

De este modo podría iniciar con el pie derecho el cumplimiento de lo que dijo en su discurso triunfal en el Zócalo, hacer pagar a todos los que realicen actos de corrupción, añadiendo que les taparía la boca a los críticos de su idea de barrer la escalera de arriba abajo.

Sin duda, todo gobierno que inicia permite realizar acciones novedosas y corregir el rumbo para que el país mejore. Sin embargo, en la historia reciente de nuestro país han existido muy pocas oportunidades de la claridad que tenemos enfrente para lograrlo.

Esperemos que la revolución de las conciencias y la cuarta transformación histórica de México sean también los eventos creadores de una nueva época de combate efectivo a a la corrupción y la impunidad, algo “imposible” de pensar hasta ahora.

 

Mister T

No se trata del famoso actor afroamericano de los años 80, el forzudo que participó en una película de la saga de Rocky y en aquel divertido y palomero programa de TV de los años ochenta titulado Los Magníficos, aunque comparte algunas de sus características.

Me refiero a Donald Trump, el Mister T de nuestros días, que merece compartir el apodo con el actor, ya que ambos muestran un carácter agresivo y pendenciero, aunado a una tendencia a pensar que la violencia y la intimidación son las formas ideales de acción, en todo momento.

Y es que nuestro señor T ha vuelto a las andadas, soltando amenazas y acciones militares o militarizadas sin ton ni son, que en realidad no son diferentes a los videos de sus intervenciones en la lucha libre de EU, pura pantomima.

Amagó con una gran guerra comercial internacional al imponer de forma unilateral aranceles al aluminio y acero proveniente de varios países, incluyendo del gigante chino; a continuación decidió desplegar a la Guardia Nacional de su país en la frontera con México para poder defenderse de la “amenaza” de la caravana migrante 2018, y esta semana ha puso en marcha un nuevo ataque contra el régimen sirio por un nuevo ataque con armas químicas.

Sin embargo, sus bravatas son cada vez menos efectivas. Y aunque sigue siendo el presidente de la mayor potencia militar del planeta, el miedo a que use el botón rojo se va desvaneciendo dejando atrás ese terror que casi todos sentíamos durante el primer año de su administración.

Esto queda en evidencia con el despliegue de tropas en nuestra frontera.

Tenemos que pensar que no somos ni remotamente una potencia militar o económica de primer orden, como es el caso de la guerra comercial y los ataques químicos que involucran a China y Rusia, sino un país emergente que a pesar de los fuertes lazos que tenemos con Estados Unidos, casi siempre hemos jugado un a ser actores de acompañamiento del gigante gringo.

Sin embargo, y a pesar de que nos encontramos en plena negociación del TLCAN, el ratón verde despertó y, a través de uno de los mejores posicionamientos del actual gobierno, dejo claro su posición pública: no aceptaremos violaciones a la soberanía nacional y los mexicanos no aceptamos que traten de atemorizarnos e intimidarnos.

Más allá de los posicionamientos que se han hecho por tiempos electorales, esta toma de posición es significativa por una razón en especial, el miedo a Mr. T se ha ido diluyendo, incluso entre los gobiernos que han sido timoratos ante él. Las razones de este fenómeno son diversas y abarcan tanto el ámbito interno como el externo. La administración Trump ha demostrado una notable ineficacia legislativa y administrativa, ha perdido en el camino muchos adeptos y colaboradores, al tiempo que el peligro de un impeachment crece para el copetudo naranja.

Además de esto, la trama rusa se ha ido cerrando cada vez más en torno de la Casa Blanca, de forma lenta pero constante. Ya han ocurrido los primeros arrestos relacionados con este caso y seguramente no serán los únicos.

Además, no se debe olvidar que el segundo año de Trump es también el año de las midterm elections, en las cuales decidirán en las urnas los 335 asientos de la cámara baja, 33 del senado y 36 estados del vecino del norte. Esta elección se considera de forma tradicional como el termómetro político que puede determinar si el presidente de Estados Unidos intentará reelegirse o no.

Todas estas razones, y muchas más, han llevado al multimillonario xenófobo a creer que puede solucionarlo con su acto de siempre, mostrar músculos (políticos pues resulta evidente su fofez) a la Mr. T y distrayendo la atención de todos con actos vanos.

De otra forma no se puede entender que realice acciones incongruentes con lo se supone que dice en cada discurso, como proteger una frontera con el despliegue de la guardia nacional de cuatro mil soldados únicamente (equivalente a un soldado apostado cada kilómetro) o anunciar con bombo y platillo que volverá a bombardear Siria por su uso de armas químicas, dando oportunidad al régimen de aquel país de resguardar armamento químico y convencional antes de que esto ocurra.

Ya casi nadie basa su interacción con Trump en el miedo, ni siquiera en el respeto, al tiempo que el payaso metido a político pierde cada vez más el efecto que busca en sus acciones y bufonadas. Así como el viejo actor de televisión terminó por volver ridículo a su personaje de bravucón, el tiempo de las actuaciones exageradas ha pasado para Donald y se acerca el de entregar cuentas a su país y el mundo y ya no tiene el control del miedo. Y eso se reflejará en las urnas, se los aseguro.

Puñetazos distractores

El video-meme que Donald Trump posteó el pasado fin de semana en su cuenta de Twitter ha generado multitud de reacciones negativas en su contra, con lo que el presidente de Estados Unidos ha logrado, una vez más acaparar nuestra atención, a la vez de que nos provoca una amnesia bien planeada.

Por supuesto que no podemos desdeñar todos los señalamientos que lo acusan de fomentar la violencia contra los periodistas, atacar uno de los fundamentos de la democracia moderna —la libertad de expresión—, así como aquellos que le reprochan su actitud infantil de enfrentar sus problemas a puñetazos, tienen mucha razón. Sin embargo también es cierto que, gracias a nuestra reactividad, nos olvidamos de ver más allá, para entender el estilo comunicativo que Trump ha construido.

Trump nos ha llevado al redil de su preferencia cada vez que lo ha deseado. Nos hace hablar de lo que a su persona le conviene, gracias a un nuevo escándalo mediático que no es otra cosa más que el último eslabón de una larga cadena construida de forma cuidadosa desde el momento en que anunció su candidatura para la Casa Blanca.

Trump se dio cuenta hace tiempo de que la gran mayoría de las personas que nos interesamos en la política, tenemos un cierto patrón de conducta condicionada, lo que nos hace saltar de forma vehemente contra todo aquello que viole los valores humanistas y universales que tanto trabajo han costado construir.

Tan acostumbrados estamos a jugar el juego de la política con reglas diferentes a las que él utiliza, que no podemos evitar reaccionar de forma visceral ante sus provocaciones, una y otra vez.

Haciendo uso de casi cada tema delicado de nuestro tiempo, Trump salta constantemente al escenario político con una declaración, un video o un intento de orden ejecutiva completamente provocadores, logrando exacerbar los ánimos de sus críticos.

De forma indistinta, el primer mandatario norteamericano ha usado el machismo, actitudes represivas contra los medios de comunicación, la xenofobia, el racismo, además de olvidar de forma premeditada los protocolos y formas que dicta la diplomacia para acaparar los reflectores con gran éxito.

El video de la “paliza” con CNN es el último eslabón en esta cadena que Trump ha transformado en su modus operandi, como 45º presidente de Estados Unidos.

Al tiempo que nos mantiene con los ojos mirando en la dirección que desea, logra tener las manos libres para hacer lo que le plazca en diferentes escenarios, que se encuentran a la vista pero a los que nadie presta atención.

De esta forma todos olvidamos, al menos por un rato, a James Comey, su cercana primera reunión con Vladimir Putin, los fracasos de sus órdenes ejecutivas, sus fallidos intentos por desmantelar el Obamacare, la inevitable reunión con el presidente Enrique Peña Nieto en el G20 y, sobre todo, el vacío de liderazgo que su administración ha sumido a EU a nivel mundial, a pesar de ser el único superpoder militar vigente.

Sumado a esto, sus actitudes iconoclastas y desagradables caen dentro de lo que el electorado que votó a su favor espera: palabras fuertes, puños listos y poca reflexión antes de lanzarse, junto con su país, a aventuras sin sentido como buen hombre “de acción”. Con estas provocaciones logra mantener su vigencia, a pesar del aparente nivel de desaprobación que muestran las encuestas.

Los golpes que da Trump en el video contra CNN son lanzados con una técnica refinada, pensada para lograr el mismo efecto que un spot publicitario de sus programas de TV: acaparar la mayor audiencia posible y lograr que nos olvidemos de que hay otras cosa que ver, quizá mucho más interesantes o importantes. Sin duda es una jugada magistral, aunque no nos guste admitirlo.