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Cabos en guerra

¡Ah, el arco de Cabo San Lucas! A mediados del siglo pasado, ése era el fin del mundo. Patria de gaviotas y lobos marinos, la Península de Baja California terminaba en esa puerta ancestral que es el ingreso al paraíso. Luego llegó el turismo, con sus bendiciones y calamidades. Con la inauguración de la Carretera Transpeninsular en 1973, el brazo delgado de la República unió sus arterias desde Tijuana hasta Cabo San Lucas. Los primeros viajeros de fin de siglo asomaron sus cabezas. La palanca del progreso levantó hoteles. Cabo San Lucas y su hermano mayor -San José del Cabo- se empezaron a llenar de edificios ultramodernos, marinas, albercas de varios niveles, discotecas. Allá el calor es muy benigno, no son las atrocidades de Mexicali. Hay  buen viento para el paracaídas, arrecifes para el snorkel, remansos para el kayak, encuentros amigables con delfines, hasta paseos en camellos por el desierto.

Lo malo fue que en ese territorio virgen se reprodujeron rápidamente los males del país. El turismo fue el imán que atrajo una fuerza de trabajo nómada y empobrecida, que levantó colonias de metal corrugado y tabique cerca de las zonas hoteleras, sus centros de trabajo. Llegaron albañiles, mozos, meseras, plomeros, cocineros, choferes, mayordomos, carpinteros, jóvenes sin escuela. La población, como siempre, se reprodujo en condiciones de miseria. De los 44 mil habitantes que había en Cabo San Lucas en 1990, pasó a 288 mil en 2015.  Siete veces más gente. Y los turistas, mordiendo el señuelo de las playas, también se multiplicaron. El año pasado llegaron más de 2 millones.

Recientemente llegó un nuevo invitado: el narcotráfico. Salió en la prensa la historia de Edwin Alberto López Rojas, un joven de 18 años que buscó en las calles del barrio de El Zacatal, uno de los sitios más empobrecidos de la zona, a los del Cártel de Jalisco Nueva Generación. Con ellos consiguió un auto, un fajo de dólares y un menú de drogas para los turistas más atrevidos. A principios de agosto, su cadáver fue hallado en la calle.

La historia de Edwin es una cuenta más del rosario de crímenes ligados al narcotráfico que han provocado más muertes que los huracanes. Este año van 232 en Los Cabos, todo un récord. Ya Baja California alcanzó el quinto lugar en la temible estadística de las muertes del país. Está después de Guerrero, Sinaloa, Michoacán y Tamaulipas.

(Información de The New York Times)

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