La felicidad por país

La felicidad también se mide. No solamente la nutrición, el grado de escolaridad, el acceso a Internet, la calidad del aire, el transporte público. El Reporte de la Felicidad Mundial, elaborado por una dependencia de las Naciones Unidas llamada la Red de Soluciones del Desarrollo Sustentable, mide el grado de felicidad de 156 las naciones de acuerdo a la opinión de sus habitantes.

La felicidad descansa en varios factores que a primera vista resultan obvios, pero que son difíciles de conseguir por diferentes motivos. Sobre todo por el grado de riqueza de las naciones y la cohesión social de sus habitantes. Estos factores son el desarrollo económico, la paz social, la satisfacción de las necesidades básicas, el respeto a los derechos humanos, la libertad de los individuos y las organizaciones en todos los terrenos y la ausencia de corrupción en el gobierno y en todos los rincones de la sociedad.

Por segundo año consecutivo, el país más feliz del mundo de acuerdo al informe de la dependencia es Finlandia. Un país nórdico, parte de la socialdemocracia de la región, miembro de la Unión Europea, imán para turistas en verano. Y, sobre todo, una nación donde la población no es un fenómeno desbordado y depredador. En Finlandia habitan 5.5 millones de habitantes en un área de 338,145 kilómetros cuadrados. Eso arroja una densidad poblacional de 16 habitantes por kilómetro cuadrado, lo cual lo pone en el lugar del país menos densamente poblado de la Unión Europea. Y un respiro para un planeta que se asfixia con los surtidores poblacionales de India, China, Indonesia y Pakistán.

Finlandia es un país tan feliz, que ahí está la casa de Santaclós.

El informe sostiene también que otros países felices son Holanda, Suiza, Suecia, Nueva Zelanda, Canadá y Austria. Aunque el reciente ataque terrorista de un supremacista blanco en Nueva Zelanda empañó su imagen de un país libre de violencia.

¿Y Estados Unidos, la nación más poderosa del orbe? En el reporte cayó del lugar 18 al 19, a pesar de la pujanza de su Producto Interno Bruto, su inflación controlada y su bajo nivel de desempleo. Los analistas del propio informe sostienen que el país no puede ascender al nivel de los países más felices por su exacerbada desigualdad social y los sentimiento encontrados de racismo y xenofobia. Según las encuestas, los ciudadanos no se sienten protegidos por la familia y el Estado en épocas de crisis, y por eso dependen de sus propias armas para defenderse. Pero ese sentimiento los aleja de la felicidad.

Los países más infelices, claro, son los más pobres, los abandonados y las naciones en guerra: Sudán del Sur, la República Centroafricana y Afganistán.

(Información de Time Magazine)

Menos peces

Lo que se sospechaba ya se comprobó. El cambio climático está matando a los peces y alterando la dieta de la humanidad en todo el orbe. Un estudio de la revista Science reveló recientemente  que una gama muy amplia de peces disminuyó en un 4.1% entre 1930 y 2010. Eso parece poco, pero equivale a 1.4 millones de toneladas de peces en el mismo lapso.

Conforme la temperatura de los océanos ha aumentado, algunas regiones se han visto particularmente afectadas. En el noreste del océano Atlántico y el mar de Japón, las poblaciones de peces disminuyeron hasta en un 35 por ciento durante el periodo en que se realizó el estudio. La vida marina ha sufrido cambios sustanciales, debido a  los efectos más drásticos del cambio climático. Los océanos han absorbido el 93 por ciento del calor que se queda atrapado en el planeta debido a los gases de efecto invernadero que los humanos liberan en la atmósfera.

El pescado representa el 17 por ciento de la ingesta de proteína animal de la población mundial, y hasta el 70 por ciento en el caso de las personas que viven en países costeros o isleños. El pescado es una fuente esencial de proteína para más de la mitad de la población global, y aproximadamente 56 millones de personas en todo el mundo viven de la industria pesquera.

Los científicos han advertido que el calentamiento global tendrá una influencia negativa en el abasto mundial de alimentos durante las próximas décadas. Las altas temperaturas oceánicas pueden matar tanto a los peces como a sus fuentes de alimento. Un estudio publicado también por la revista Science sostiene que las temperaturas de los océanos están aumentando mucho más de prisa de lo que antiguos cálculos habían estimado. Los nuevos hallazgos  separan los efectos del calentamiento de las aguas de otros factores, como la sobrepesca, y señalan que el cambio climático ya está teniendo un impacto notable en todos los alimentos provenientes del mar.

Los investigadores usaron una serie de datos de 235 poblaciones piscícolas en 38 regiones ecológicas de todo el mundo. La información detallada les dijo no solo dónde estaban los peces, sino también cómo reaccionaban a efectos ambientales, como los cambios en las temperaturas del agua.

Las conclusiones de estos estudios no son nada halagadoras. Habrá menos peces y por lo tanto menos pesca. Esta actividad sufrirá una reducción importante. La dieta de proteínas provenientes del mar será mucho menor. Y los precios de los productos del mar sufrirán un incremento notable. Los taquitos de marlin se venderán al doble, por poner un ejemplo.

Greta

Se llama Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años que, según ella misma dice, no tenía la debida atención de sus padres. Ha sido muy buena estudiante, siempre hizo sus tareas, sacó buenas calificaciones. Pero su madre, una de las mejores cantantes de ópera de Suecia, siempre estaba de gira. Y su padre, un actor de teatro, dedicaba sus mejores horas a ensayar sus obras. Ese aislamiento llevó a Greta a una depresión propia del autismo que padece, y el año pasado decidió salir a la luz pública realizando una huelga estudiantil para protestar por el cambio climático. Su movimiento consistió en sentarse en las escalinatas del parlamento sueco para llamar la atención sobre el tema. Y su vida dio un giro inesperado. Llegaron los medios de comunicación y su caso se difundió por muchos rincones del planeta. Fue invitada a las Naciones Unidas y al Foro Económico de Davos. Ahora tiene la atención de muchos otros estudiantes, de todos los medios de comunicación, y de una miríada de organizaciones ambientalistas.

La semana pasada, simplemente, un grupo de estudiantes suizos llegó a verla en una plaza de Estocolmo para que apoyara una solicitud al gobierno suizo para adoptar leyes más estrictas en cuanto a las emisiones de carbono. Un equipo de televisión estaba listo desde horas antes para grabar el encuentro. Y un grupo de mujeres que combaten lo que queda del uso del tabaco llegaron para regalarle una camiseta y tratar de adherir a Greta a su causa.

Todo se inició el día que Greta vio varios documentales sobre el deshielo en el Ártico y el triste futuro de los osos polares. Su reacción fue diferente a las de los demás niños. A partir de ese momento, decidió que tenía que suspender sus clases. No solo las de la escuela tradicional, sino también las de piano, ballet y teatro. “Me afectó sobremanera -comentó en una entrevista- comencé a pensar en eso todo el tiempo y me puse muy triste. Esas imágenes se quedaron grabadas en mi mente”.

En una conferencia organizada por el Comité Económico y Social Europeo en Bruselas, Greta dio un apasionado discurso sobre la movilización de adolescentes en toda la Unión Europea, que desde hace varias semanas se manifiestan durante su jornada escolar para pedir a sus gobiernos acciones concretas contra el cambio climático.

¿Logrará Greta cambiar al mundo? No lo sabemos. Pero ya logró cambiar sus padres. Ya no comen carne. Y ya no se suben en aviones -van a sus giras en otros transportes- porque su hija les dice que esos aparatos contribuyen a la peor emisión de gases de efecto invernadero.

 

Adiós París

Hace tres años, el 12 de diciembre de 2015, la mayoría de las naciones del mundo lograron en París un acuerdo histórico. Más de 190 países, después de agotadoras negociaciones, acordaron fijar un compromiso para que cada una de las naciones reduzca sus emisiones de gases de efecto invernadero proporcionalmente, según su monto de contaminación al planeta.

Y ese acuerdo, pese a todo, sigue su curso. Hace unas semanas en la ciudad de Karowice, en Polonia, se discutieron y aprobaron los mecanismos para que cada país informe con transparencia sus emisiones de dichos gases, y ese acuerdo -aunque pasó desapercibido en casi todo el mundo- es una llama que sigue iluminando el sentimiento de colaboración en un tema que concierne a la humanidad entera.

En el otro extremo de estas posiciones, la mentalidad de Donald Trump sostiene que cualquier medida que ayude a la conservación del medio ambiente tiene que detener forzosamente el ritmo del desarrollo económico, lo cual resulta inadmisible para el progreso.  Además, a pesar del tiempo transcurrido, sigue demoliendo todas las políticas promovidas por su antecesor, Barack Obama. Y en ese sentido ha levantado todas las restricciones que se habían logrado para detener el uso del carbón, los combustibles de los automóviles y la generación del petróleo.

Las ideas de Trump, aunque no son compartidas por varios gobernadores -como los de Nueva York y California-, hoy tienen eco en diversas partes del mundo. Los grandes productores de petróleo, como Arabia Saudita, Rusia y Kuwait, lo han respaldado. Y en Brasil el nuevo presidente ha anunciado que abrirá la Amazonia para la explotación del subsuelo y la madera, sin importar los costos ambientales.

En ese contexto, los pronósticos no son alentadores. The Global Carbon Project, que registra las emisiones de gases de efecto invernadero, afirma que éstas crecieron nuevamente al 1.6% en 2017. Y que este año se espera que den un salto hasta el 2.7%. Eso significa, supuestamente,  más votos para Trump, y sin duda más calor para el planeta.

 

La Amazonia en peligro

El pulmón más importante del mundo está en peligro. Jair Bolsonaro, el nuevo presidente de Brasil, no ha ocultado en ningún momento sus proyectos de destruirla. La selva del Amazonia se ha puesto nuevamente en la mira del desarrollo, reviviendo la vieja contradicción entre la conservación de la naturaleza y el progreso económico de las naciones.

“Debajo de cada comunidad indígena hay riqueza”, ha repetido Bolsonaro cada vez que se le pregunta sobre el tema de la Amazonia. Y es que la lucha de las comunidades indígenas contra la minería que busca el oro bajo el follaje de la selva ha sido histórica.

En Brasil hay más de 896.000 indígenas que representan menos del 0,5 por ciento de la población. Pertenecen a 300 tribus diferentes y hablan más de 270 idiomas. Es una diversidad étnica que vive junto a una biodiversidad vital para el planeta. Desde la época colonial, las comunidades indígenas han sido vulnerables a los intentos de destruir la selva mediante la obtención de la madera, la extensión de la agricultura y la minería.

Después de la dictadura militar que ensangrentó a Brasil hace más de medio siglo, las autoridades trataron de proteger a las comunidades y a la selva decretando más de 600 reservas naturales protegidas en 1988. Sin embargo, los intereses mineros, agrícolas y forestales se fueron imponiendo en la gigantesca zona mediante la violencia o la compra de los caciques indígenas, y fueron derribando la selva a pesar de la legislación.

Entre 2007 y 2012, la selva perdió más de 4 millones de hectáreas por la deforestación, de acuerdo a las imágenes satelitales. Una superficie mayor a la de los estados de Puebla y Tlaxcala juntos.

Y ahora la selva tiene un nuevo enemigo: Jair Bolsonaro ha dicho que combatirá la legislación ambiental que frena el desarrollo, así como la protección a las comunidades indígenas.

Y al igual que Trump, Bolsonaro piensa que el cambio climático es un embuste.

Como en los viejos tiempos

El hombre contra las bestias. Te mato o me matas. El espíritu de conservación de las especies se encontraba en un dilema: la protección de los tigres o la protección de la raza humana.

En la India, donde habita la mayor población de tigres del planeta, hace unos días las autoridades del estado occidental de Maharashtra se enfrentaron a un grupo de pobladores que quería matar a una tigresa, y a otro grupo de ambientalistas que buscaba su protección. Ganó el hombre, por supuesto. Pero la tigresa, antes de su muerte, cobró 13 víctimas.

La tigresa tenía el simple nombre de T-1, era una hermosa fiera de seis años, y junto a sus cachorros había cobrado 10 presas entre campesinos, pastores, leñadores y niños que recorrían sus terrenos. Sus hábitos de caza consistían en primero decapitar a las víctimas y después llevar los cuerpos para sus críos.

T-1 era muy hábil para sortear trampas. Los cazadores del área ponían corderos y chivos como carnadas, pero en más de dos años no pudieron atrapar a la tigresa.

Pero en agosto el animal firmó su condena de muerte. En el poblado de Pandharkawada distrito de Yavatmal -justo en el centro del país- la tigresa ingresó al caserío con sus cachorros y cobró tres víctimas más. Los vecinos contrataron a un equipo especializado de cacería y empezó la persecución. Los grupos protectores de especies reclamaron de inmediato. La Suprema Coste se declaró incompetente para resolver el caso.

La semana pasada, los cazadores atrajeron y cercaron a la tigresa hasta tenerla a la distancia adecuada. Primero le dispararon un dardo somnífero, pero como el animal saltó sobre ellos, le dispararon a quemarropa. Y fin de la historia.

Las pompas fúnebres, acostumbradas en la India cuando muere algún animal sagrado, se organizaron de inmediato.

Después se reveló un dato muy útil para los publicistas: la tigresa fue atrapada porque llegó hasta su olfato el aroma de una feromona que se encuentra en la loción llamada Obsesión de Calvin Kleine. Pronto se podrán ver los anuncios con imágenes de tigres.

Conclusión: no hay que llevar esas fragancias a la selva.

2040

Acaba de salir un reporte científico que señala las atrocidades que llegarán a la Tierra con el cambio climático en 2040. De continuar las tendencias actuales, el planeta se cocinará a una temperatura adicional de 2.7 grados Fahrenheit, los océanos subirán de nivel y amenazarán las costas bajas, los principales arrecifes de coral serán destruidos, la sequía impondrá sus reglas en las regiones sin lluvia, los alimentos serán escasos y la pobreza, obviamente, será mayor.

El reporte fue elaborado por 91 científicos de 40 naciones que analizaron más de 6 mil estudios sobre el tema. El grupo señala que es urgente tasar las emisiones de gases de efecto invernadero arriba de los previsto para evitar lo que puede ser una catástrofe ambiental de proporciones nunca antes vistas.

Sin embargo, las previsiones políticas no resultan favorables en este momento. La política actual de la Casa Blanca le ha dado la espalda al Tratado de París -que reparte cuotas de responsabilidad en el cambio climático-, desdeñando un contexto en el que Estados Unidos aparece como uno de los dos países con mayores emisiones de gases que provocan el cambio climático.

En otro de los mayores emisores de gases de efecto invernadero -Brasil- habrá elecciones presidenciales a finales de octubre, y el candidato vencedor en la primera vuelta, Jair Bolsonaro, ha prometido seguir al pie de la letra las políticas de Donald Trump en torno a la negativa de ver las dimensiones del cambio climático.

Una probada de lo que vendrá se observó el pasado mes de mayo del presente año. La temperatura de la Tierra sobrepasó el promedio del siglo XX, y la Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos señaló que ese mes resultó el cuarto más caluroso desde 1880, cuando dicha agencia inició esas mediciones.

Por eso Elon Musk quiere irse con sus empresas a  colonizar Marte.

Frente a la cámara

Tomar una fotografía parece algo sencillo. Con una cámara simple, cualquiera puede apuntar a la imagen con el visor, enfocar la silueta girando el diafragma y disparar en el momento oportuno para captar la figura deseada. Y ahora, con todos los celulares equipados con cámaras fotográficas, los usuarios pueden tomar cantidades inimaginables de fotos.

Pero hay también un cúmulo de fotógrafos profesionales que se toman su trabajo muy en serio, buscan todos los factores deseados para lograr la mejor foto, esperan con paciencia la luz del sol adecuada, se mueven en círculos hasta lograr el ángulo preciso y captan justamente las imágenes que querían, porque representan el trabajo perfecto. Son fotógrafos que conciben a sus fotografías como trofeos, obras de arte o amuletos infalibles.

Para estos fotógrafos, la relación con el objeto retratado no es nada simple. En su trabajo no se trata de captar las imágenes y despedirse de la realidad que las produjo. Si las imágenes son de personas, establecen relaciones generalmente íntimas, muchas veces entrañables. Son fotógrafos que retratan tribus indígenas, seres marginados, emigrantes que corren riesgos, familias desmembradas por las guerras, niños huérfanos despojados de todo. Con todos ellos tejen lazos de afecto, les pagan una parte de sus por las fotografías tomadas, ayudan a las organizaciones que les prestan ayuda.

Lo mismo sucede con los paisajes. Muchas veces los fotógrafos se involucran en la conservación de las especies, colaboran en la protección de las áreas naturales, se vuelven benefactores de gacelas y manatíes, cactos de los desiertos y árboles de las selvas. A veces, gracias a sus fotografías, árboles que parecen muertos reviven por los recursos que fluyen para su conservación; a veces, también, algunas especies mueren por la cantidad de turistas que las visitan. Y todo por una fotografía.

Para el fotógrafo francés Réhahan el prefacio de una fotografía debe ser la convivencia con las personas que apunta con su cámara. Así conoce sus vidas, se in involucra con ellos, retrata sus almas. Para el japonés Kenro Izu, su deber es dar parte del dinero que recibe como fotógrafo a los hombres que hacen su trabajo posible. Para el paisajista británico Michael Kenna, sus fotografías deben servir para conservar el medio ambiente de sus imágenes. Para la muchas veces premiada fotógrafa inglesa Jane Goodall, los animales que retrata deben perseverar como especies.

Para todos ellos -y muchísimos más- la fotografía es un arte, y el mundo es un lienzo enorme.

(Con información de la BBC)

Amor de ballena

La Ballena Franca del Atlántico Norte es un cetáceo bonachón, de movimientos lentos y cadenciosos, amigable con los barcos que se le acercan pero, claro, en presencia de peligro, la hembra es invariablemente una madre protectora con sus críos. Es una especie colosal como cualquier ballena, llega a medir más de 20 metros y pesa entre 40 y 70 toneladas. Produce enormes cantidades de aceite de ballena, y por eso era el mamífero favorito para los pescadores vascos desde hace varios siglos. Fueron ellos, entre muchos otros verdugos, quienes redujeron su cuantiosa población a lo que ahora se trata de proteger, poco menos de 400 ejemplares.

Para cuidar esta especie en peligro de extinción, lo primero que hay que hacer es facilitar su reproducción. Este animal tiene costumbres amorosas de acuerdo a su tamaño gigantesco. El macho canta para llamar a la hembra, y tiene un vozarrón grave que se escucha bajo el mar a cientos de kilómetros de distancia. Por ello, una de las medidas que se han tomado para facilitar su reproducción es alejar las embarcaciones de sus rutas de nado -para evitar los ruidos que interfieren con sus llamados al amor- que van desde la península de Labrador en Canadá hasta La Florida en Estados Unidos, pasando por las costas de Maine y Georgia.

Otra de las causas que producen la reducción en el número de ballenas francas es la ingesta de basura arrojada a los océanos, y las dificultades de nado rápido de las hembras cuando van preñadas. Por eso, siguiendo ciertas costumbres contemporáneas de la especie humana, las ballenas prefieren nadar hacia los mares del norte sin el cargamento de los hijos. Así avanzan mucho más rápido, y se sienten dueñas de sus destinos. Pero por ese camino van directo hacia su extinción como especie. Por eso los científicos del mundo están buscando nuevos anzuelos para atraer a las hembras hacia la unión con los machos, y así reproducirse sin demoras y conservar su lugar como especies imponentes en este mundo. Nadie sabe si la mano del hombre, en este caso, pueda actuar como cupido.

Pingüinos a la baja

En la Isla de los Cerdos, un territorio francés ubicado entre la punta sur del continente africano y la Antártida, habitan cientos de miles de pingüinos. Y no cualquier tipo de pingüinos. Es el pingüino rey, el segundo en tamaña después del pingüino emperador, un ave real de casi un metro de altura, con un collar amarillento en la garganta, el pecho blanco y la cabeza negra. uno solo de estos ejemplares es admirable, pero verlo en parvadas interminables en este reducto del hemisferio sur es un espectáculo impresionante.

La isla de los Cerdos es pequeña, del tamaño de Manhattan. Para medir las poblaciones de los pingüinos rey, los científicos utilizan fotografías aéreas tomadas desde los satélites, y la sobrepoblación es un fenómeno notable. Sin embargo, un estudio reciente ha encendido señales de alarma. En las últimas décadas, la isla ha perdido el 90% de su población de pingüinos. En 1982, se calculó que la población de pingüinos reyes de la isla era una colonia de 500,000 parejas reproductoras, y se consideraba la más poblada del mundo. Pero en 2016 varios investigadores sobrevolaron la isla en helicóptero, y observaron una cantidad notoriamente inferior al medio millón calculado en años anteriores. A raíz de eso, los investigadores examinaron detenidamente tres décadas de imágenes satelitales y concluyeron que solo hay sesenta mil parejas reproductoras restantes en la isla.  “De verdad nos resulta sorprendente”, dijo Henri Weimerskirch, coautor del artículo publicado en Antarctic Science y miembro de los equipos de investigación de 1982 y 2016. “Es realmente muy deprimente”.

Según los investigadores, el cambio climático y el calentamiento de los mares es la principal razón de esta catástrofe. Aunque no descartan la competencia por los alimentos, las enfermedades y la reubicación de las poblaciones. La isla pronto quedará deshabitada, como muchas de las ciudades prehispánicas.