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Sudan

Darfur

Es una región poco conocida para los que se alejan del llamado continente negro. Pero para las organizaciones sociales que buscan salvaguardar los derechos humanos en África, Darfur es un ejemplo extremo del racismo y el odio que pueden gestar las tradiciones históricas y el color de la piel.

Ubicada al oriente del vapuleado país de Sudán, Darfur es una zona de guerra cruzada por las sequías, la lucha por los recursos naturales, el imperialismo y la militarización de las etnias. El conflicto se inició con el presente milenio, en 2003. Y a la fecha lleva cerca de 400 mil muertos y más de 2 millones de desplazados. La lucha empezó entre las tribus árabes que llegaron del norte y los agricultores del sur. Ambos sectores son musulmanes, de manera que no se trata de un conflicto religioso. Se trata de una guerra fincada en el color de la piel. Los pastores árabes del norte no son tan negros como los labradores de las añejas tribus africanas del sur. Entre ellos se distinguen. Y han luchado a muerte.

Durante la dictadura de Omar Hassan Al Bashir, que duró más de 30 años, Darfur fue el chivo expiatorio de todos los males. A la guerra interna entre las razas se le combatió con las balas del ejército. Pero ahora, con el derrocamiento del vetusto presidente a finales de abril, y con un gobierno provisional abierto al pluralismo del país, Darfur se ha convertido en el símbolo de un movimiento que puede empujar al país a algo parecido a la democracia.

Los antiguos enemigos de Darfur -árabes pastores y negros labradores- se han unido y han formado un frente opositor a los gobiernos militares. Sus fuerzas -que aparecen en la fotografía- se han apostado frente a las guarniciones del ejército en Jartum, la capital del país.

Quieren algo que parece impensable: un gobierno civil al mando de los soldados.

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