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Disfraces

El disfraz es un instrumento esencialmente infantil. Los niños gozan con los disfraces. En la fiestas se visten de sus personajes favoritos de las caricaturas, actúan como ellos, por un instante fugaz en la vida son sus propios héroes o villanos. Se visten de Peter Pan, Campanita, el Chapulín Colorado, Hércules, Cantinflas, Mickey Mouse, la Mujer Maravilla o Capulina. Cualquiera puede confeccionarse un traje a la medida. Toda diversión tiene su talla.

Algo muy diferente sucede cuando un alto dignatario de cualquier país tiene el arrojo de disfrazarse de otra persona. Un presidente, digamos. ¿Quiere divertirse? Adelante. Pero los costos de la diversión pueden ser altísimos.

Eso lo sabe hoy Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, cuando la permanencia en el cargo depende de un disfraz que se puso en 2001, en una fiesta juvenil de fin de cursos. En esa tarde el ahora mandatario se disfrazó de Aladino, y para lucir más verosímil se pintó la cara de un café tan oscuro que parecía estar embarrado de chocolate. “Fue una cosa muy tonta -confesó recientemente ante los medios-, y en aquél entonces no pensé que fuera un asunto racista… pero ahora así lo pienso, y me arrepiento profundamente.”

El líder de la oposición se le fue encima, y ahora Trudeau no sabe como salir airoso de esa trama absurda de cara a la próxima elección -o reelección- de su cargo.

La tontería de un niño puede repercutir dañinamente en la vida del adulto.

Un caso completamente diferente, pero que también involucra el uso de disfraces, es la reciente cena de Enrique Peña Nieto en un lujoso restaurante japonés de Nueva York, donde trató de pasar inadvertido con todo y novia. Para vergüenza de todos los mexicanos, el expresidente se puso una peluca pegada a una gorra de beisbolista, con el fin de verse más joven, con el cabello largo, y para esconderse de las miradas críticas que lo acosan por su nuevo romance.

Se puede decir, con razón, que son casos muy distintos. Mientras Trudeau trató de divertir a sus amigas con su atuendo, Peña Nieto quiso desaparecer de la escena para todos, menos para su novia.

Mejor no disfrazarse.

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