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El capitalismo leve

“Si hubiéramos detenido la explotación en todas sus formas y hubiéramos alentado la creación de riqueza, el resultado habría sido una economía más dinámica y con menos desigualdad.” Eso lo dice Joseph E. Stiglitz, un economista y catedrático de la Universidad de Columbia que en 2001 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía. Recientemente publicó el libro “People, Power, and Profits: Progressive Capitalism for an Age of Discontent” (Gente, Poder y Ganancias. El Capitalismo Progresivo en la Era del Descontento). “Quizá -afirma con cierta lástima- podríamos haber frenado la crisis de los opiáceos y evitado la crisis financiera de 2008. Si hubiéramos hecho más para mitigar el poder de los oligopolios y fortalecer el de los trabajadores, y si hubiéramos exigido a nuestros bancos rendir cuentas, quizá en Estados Unidos no imperaría una sensación de impotencia y los estadounidenses confiarían más en sus instituciones.” Pues sí, pero no lo hicieron.

El autor sostiene que se requieren acciones del gobierno en muchas áreas. Los mercados por sí mismos no protegen de muchos de los riesgos más importantes que el sistema enfrenta, como el desempleo y la discapacidad. No pueden proporcionar de manera eficaz pensiones a costos administrativos bajos ni proteger a los consumidores contra la inflación. Tampoco proporcionarán una infraestructura adecuada ni educación de calidad para todos.

En cambio el capitalismo progresista -señala el autor- parte de un nuevo contrato social entre los votantes y los funcionarios electos, entre trabajadores y empresas, entre ricos y pobres, y entre quienes tienen trabajo y quienes están desempleados o no tienen suficiente trabajo.

“Parte de este nuevo contrato social es una opción pública ampliada con muchos programas que ahora proporcionan organizaciones privadas o no se ofrecen en absoluto. Es posible incluir opciones públicas en otras áreas, por ejemplo, el retiro y las hipotecas. Este nuevo contrato social les permitirá a la mayoría de los estadounidenses gozar de nuevo una vida de clase media.

Como economista, siempre me preguntan: ¿podemos ofrecerles esta vida de clase media a la mayoría de los estadounidenses o a todos? De alguna forma, lo hicimos cuando éramos un país mucho más pobre en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En nuestra política, en nuestra participación dentro del mercado laboral y en nuestra salud ya estamos pagando el precio por nuestros errores.”

“Debemos olvidar la fantasía neoliberal de que los mercados sin restricciones traerán prosperidad para todos.” Ojo, no es López Obrador el que habla. “Es una idea tan errónea como la noción tras la caída de la Cortina de Hierro de que éramos testigos del fin de la historia y pronto todos seríamos democracias liberales con economías capitalistas.”

“Todavía más importante es aceptar que nuestro capitalismo explotador nos ha moldeado como individuos y como sociedad. La deshonestidad desenfrenada que observamos en Wells Fargo, Volkswagen o en los miembros de la familia Sackler -que promovieron medicamentos aunque sabían que eran adictivos- es de esperarse en una sociedad que prefiere la búsqueda de ganancias porque se conduce, en palabras de Adam Smith, como llevada por una mano invisible, al bienestar de la sociedad, sin importar si esas ganancias se generan a partir de la explotación o de la creación de riqueza.”

Lo que dice Stiglitz puede resumirse en una frase: el mercado, por sí mismo, no puede crear una sociedad igualitaria. Y el Estado, por sí mismo, tampoco. Es necesario crear un equilibrio entre ambos, donde la búsqueda de ganancia no sea el motor de la economía.

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