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Republican U.S. presidential nominee Donald Trump hugs a U.S. flag as he comes onstage to rally with supporters in Tampa, Florida, U.S. October 24, 2016. REUTERS/Jonathan Ernst - RTX2QA5N

El Tratado

El Tratado de Libre Comercio ha llegado a su fin. Lo que fue un inicio de bloque comercial en Norteamérica, capaz de enfrentar y competir con la Unión Europea, ha terminado en algo que podría llamarse un acuerdo político para evitar los desacuerdos comerciales. Nada para nadie. Todo para todos.

En realidad, después de varios meses de negociaciones no hubo ningún avance. Lo que sucedió inicialmente fue que Donald Trump arrancó su mandato tratando de volver atrás la historia con medidas proteccionistas, supuestamente para apoyar a los trabajadores norteamericanos que se vieron desplazados por la competencia de otras naciones. Hacia México, el nuevo gobierno de la Casa Blanca impuso un arancel de 25% a todos los productos de acero, y 10% al aluminio. En respuesta, México impuso aranceles por cerca de 3 mil millones de dólares a diversos productos, incluyendo bebidas y alimentos como el whisky, los quesos y la carne de cerdo. Mientras eso sucedía, Trump abrió fuego con un cúmulo de aranceles hacia China, desatando una guerra comercial nunca vista en las últimas décadas. Y en este terreno, el nuevo tratado que se anuncia no modifica absolutamente nada. Los aranceles norteamericanos del acero y el aluminio se mantienen intactos. Y los de México también. Las exportaciones de automóviles fabricados en México hacia Estados Unidos seguirán su curso. No news, good news. dicen allá. Si no hay noticias, ésas son buenas noticias.

Según los medios que siguieron las negociaciones, el nuevo tratado durará 16 años, con lapsos específicos de revisión. El único cambio de fondo, se dice, es que Canadá ha quedado fuera del tratado. Por lo pronto. Y mientras que México quiere traer a Canadá nuevamente al seno del acuerdo, Trump se niega rotundamente. Se abre un nuevo round de la pelea.

Lo que se ha logrado es que todos estén de acuerdo en que el acuerdo existe. Y eso no es poca cosa, porque los acuerdos imprimen estabilidad en las relaciones. Donald Trump dijo que “él y su equipo de representantes están muy emocionados con el acuerdo”. Enrique Peña Nieto mencionó la importancia de que Canadá se reintegre a la brevedad a las negociaciones. Marcelo Ebrard, próximo canciller de México, señaló que “es un paso muy importante”. Las respectivas bolsas de valores reaccionaron al alza, y el peso ganó terreno frente al dólar.

Sin embargo, hay que considerar que frente al empuje del mercado, los tratados lo único que pueden hacer es regular algunos campos. Pero si los tratados no existen, el comercio no se detiene. Y más aún, el comercio globalizado y pujante por Internet. Jeff Bezos, el capitán de las finanzas de Amazon, ya es por mucho el hombre más rico del planeta. Y la firma china Alibabá sigue cosechando todas las monedas del mundo con sus acuerdos de compra y venta. Mientras tanto, Sears está cerrando cerca de 72 tiendas en Estados Unidos, después de haber cerrado todos sus establecimientos en Canadá. Ahora las compras son principalmente por Internet. Y ahí no hay tratados de libre comercio.  Sólo hay libertad y comercio.

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