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Futbol

Fútbol y muerte

Brasil ha sido la cantera más grande de los grandes futbolistas en el mundo. Argentina tiene a Messi y a Maradona, pero Brasil ha sido la nación de la que salieron el Rey Pelé, Garrincha, Gerson, Zico, Romario, Ronaldiño y Neymar. En número de estrellas, Brasil es el firmamento constelado más grande del planeta.

Pero Brasil sigue siendo un país muy grande y muy pobre. Por eso una de las mayores aspiraciones de las familias miserables es que sus hijos lleguen lejos en el arte de las patadas. Que sean como Neymar, cuyo traspaso del Paris Saint Germane vale 300 millones de euros. Con esa cantidad, se podrían surtir de agua durante el verano varias favelas de Río de Janeiro.

El barrio de Xerem, ubicado a 50 kilómetros en las afueras de Río de Janeiro, a principios del siglo pasado era un pantano. Y aún conserva los rasgos más molestos de su historia: es un nido de mosquitos, propenso a las enfermedades, y con temperaturas siempre cercanas a los 40 grados centígrados. Pero es un hervidero de pequeños futbolistas. En sus calles viven niños que asisten muy poco a la escuela, porque su ilusión en convertirse en estrellas del Fluminense, el Palmeiras, el Flamengo o el Santos.

Pero esa ilusión no da para mucho. Menos del 5% de los niños que aspiran a ser las nuevas luminarias del fútbol llegan a ser profesionales. Y los que llegan, a menos que sean descubiertos por los cazatalentos del Real Madrid, el Barcelona o la Juventus de Italia, se quedan en su amada tierra ganando 265 dólares al mes.

Este mes fue doblemente trágico para los jóvenes futbolistas brasileños. Un incendió segó la vida de 10 jóvenes en un centro de entrenamiento del Flamengo en Río de Janeiro, porque el club no cumplió las medidas básicas de seguridad para sus posibles estrellas. Uno de ellos, un portero que parecía ser el reemplazo de Thiago Silva, murió calcinado porque no pudo salir entre los barrotes de una ventana. Antes de morir le había dicho a su padre: “todo el esfuerzo será premiado, viejo. Le voy a comprar una casa a mi mamá para que no sufra por la falta de agua y corriente eléctrica.”

Las ironías de la vida son innumerables. Una casa reclutadora de cazatalentos futbolistasío de Río de Janeiro -llamada Stivel- dio el pésame a los familiares en su Facebook. Eso sirvió como anuncio. En pocas horas, llegaron el sitio miles de mensajes de padres de familia que ofrecían las piernas de sus hijos como futuras estrellas de los estadios.

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