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Sudán

Imagen viral

Parece la Estatua de la Libertad Negra. Una joven muy hermosa, estudiante de arquitectura de 22 años en la Universidad de Khartum, se ha convertido en el símbolo del movimiento de Sudán para deponer al presidente Omar al Bashir, cuyo dominio se extiende a lo largo de tres décadas. Ella viste una túnica blanca que representa un nuevo comienzo en el imaginario colectivo de su país. También invoca el regreso de las princesas nubias, aquéllas mujeres de la antigüedad que defendían a su reino de las fieras y los invasores. Ella se ha subido al techo de un coche estacionado en la avenida central de la capital del país, y desde ahí canta, corea consignas, arenga a la multitud que la escucha. Tiene un brazo con el dedo apuntando al cielo, y a su alrededor hay un mar de celulares que captan su imagen y la suben a las redes sociales. A la mañana siguiente, una cuenta de twitter que publicó su imagen ya tenía más de 50 mil seguidores, y su imagen se regó como pólvora por los cinco continentes de la Tierra.

“Estoy feliz de que mi foto permita al mundo conocer lo que es la revolución en Sudán -le dijo la estudiante a The Guardian-; desde el inicio del movimiento he participado en todas las marchas, porque mis padres me enseñaron a amar nuestro hogar.”

La imagen se inscribe en la lista de fotografías que le dan la vuelta al mundo porque tienen una poderosa carga simbólica. Como aquélla de la niña vietnamita que corre desnuda huyendo de un ataque de napalm que le quemó la espalda en 1972; o la del hombre desarmado que se planta delante de uno de los tanques antimotines en la Plaza de Tiananmen en 1989. Son fotos que hablan del heroísmo, la libertad, el valor ante la opresión y la tiranía, pero también el dolor inacabable de la guerra y la fragilidad de la condición humana.

Hasta hace pocos años, las redes sociales no existían. Pero las imágenes se viralizaban de cualquier forma. Hoy, con el uso del twitter, llegan a todos los rincones del mundo. Y con igual fuerza.

 

 

 

En la imagen, una mujer ataviada con un zaub o zobe blanco y pendientes dorados de disco está de pie sobre el techo de un auto. Se le fotografió de perfil, a mitad de su discurso, con un brazo alzado hacia el cielo y el dedo apuntando arriba y el otro brazo en la cintura, entre un mar de cabezas y brazos que enarbolaban teléfonos para capturar el momento. Lana H. Haroun la publicó el 9 de abril en Twitter y para la mañana del 10 de abril ya tenía cincuenta mil me gusta y había cobrado vida propia.

 

“I’m very glad that my photo let people around the world know about the revolution in Sudan … Since the beginning of the uprising I have been going out every day and participating in the demonstrations because my parents raised me to love our home,” Salah said.

 

De vez en vez, aparece una imagen que encuadra una historia humana de manera tan visceral en un momento de paroxismo social o político que se convierte en un símbolo. Ese es el caso de una foto tomada con un celular esta semana durante una protesta en Sudán contra el régimen represor del presidente Omar al Bashir, cuando las manifestaciones intermitentes que empezaron en diciembre alcanzaron un nuevo nivel de intensidad.

En la imagen, una mujer ataviada con un zaub o zobe blanco y pendientes dorados de disco está de pie sobre el techo de un auto. Se le fotografió de perfil, a mitad de su discurso, con un brazo alzado hacia el cielo y el dedo apuntando arriba y el otro brazo en la cintura, entre un mar de cabezas y brazos que enarbolaban teléfonos para capturar el momento. Lana H. Haroun la publicó el 9 de abril en Twitter y para la mañana del 10 de abril ya tenía cincuenta mil me gusta y había cobrado vida propia.

Aunque desde entonces se ha identificado a la oradora como Alaa Salah, una estudiante de 22 años, algunas personas la han llamado la Estatua de la Libertad Sudanesa y otras simplemente la Mujer en el Zaub Blanco. De cualquier modo, su imagen ha resonado mucho más allá de su lugar de origen.

“Estoy muy segura de que será la imagen de la revolución”, dijo Hind Makki, una educadora contra el racismo sudanesa-estadounidense de Chicago que compartió la foto en todas sus redes sociales.

La respuesta a la imagen de Haroun la ubica con fuerza en la misma línea que una serie de imágenes que se han vuelto sinónimo del momento histórico que representan, incluida la reciente de una “Mujer en un vestido de verano” que se enfrentó a la policía antimotines en Baton Rouge, Luisiana, en las protestas de 2016 contra el tiroteo de Alton Sterling —en cuya muerte estuvieron involucrados dos policías—; la de la “Mujer en un vestido rojo” que volteó la cabeza cuando la policía de Estambul tiraba gases lacrimógenos a los manifestantes de una marcha en 2013; la de un joven en manga corta que encaraba a los tanques que avanzaban sobre la Plaza Tianamén de Pekín en 1989.

En cada caso, el poder de las imágenes se deriva en parte de la naturaleza cotidiana del individuo, que no va armado con equipamiento defensivo ni con uniformes militares que despersonalizan, sino vistiendo ropa de diario.

Es una de las muchas formas en que los espectadores se conectan con las personas en el cuadro, que se sienten cercanas y reconocibles porque visten colores y prendas reconocibles.

Hay un hilo conductor que une una imagen impresa en la memoria con la siguiente, un sentido compartido de sororidad y humanidad, aunque hayan sido tomadas en distintos momentos y a océanos de distancia.

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