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La Casa del Lago es una joya de nuestra ciudad

Entrevista con Julieta Giménez-Cacho, Directora de la Casa del Lago

 

¿Qué es para ti la Casa del Lago?

La Casa del Lago es un centro cultural de la Universidad, un espacio emblemático de la UNAM y de la cultura nacional, un lugar que no puede pasar desapercibido cuando se visita el Bosque de Chapultepec. Aquí han desfilado 17 directores muy importantes, empezando por el primero, Juan José Arreola, que le imprimió un carácter de espacio interdisciplinario, encabezado por el grupo de vanguardia cultural de ese momento. También estuvo Tomás Segovia, Juan Vicente Melo, participó activamente Juan José Gurrola, y fue el primer espacio cultural que se encontró fuera de Ciudad Universitaria. Esta Casa es un semillero de creadores; muchos de nuestros artistas se formaron aquí, tomando cursos de guitarra, de fotografía (aquí dio clases Lázaro Blanco durante 40 años), y ese detalle aparece siempre en las pláticas de los visitantes. Todos me dicen “aquí tomé un taller, aquí monté mi primera exposición, aquí vine por primera vez con mi padre”. La Casa del Lago es un valor cultural de la Universidad, de la ciudad y del país.

¿Cuáles fueron tus primeros retos al llegar a la dirección?

Cuando la doctora Teresa Uriarte, Coordinadora de Difusión Cultural  me ofreció venir aquí, pasaron por mi cabeza imágenes de mis visitas a la Casa del Lago, cuando venía al festival  Poesía en Voz Alta. Ése era el proyecto por el que se reconocía a Casa del Lago. Su presencia había venido bajando, y por ser un espacio maravilloso, vi que tenía muchas posibilidades de crecimiento. En primer lugar, me propuse posicionar el espacio como centro cultural de la UNAM, aumentar las actividades en los días de visita, de miércoles a domingo, y darles una mayor difusión. Y el público ha respondido, porque en los dos años que llevo aquí –desde mayo del 2012-, el promedio mensual de visitantes ha aumentado 100 por ciento. Desde luego esto es el fruto de un trabajo intenso de todo el equipo de este centro.

¿Tuviste una estrategia para lograr eso?

Al llegar entrevisté a todos los que trabajaban aquí –hay 83 trabajadores, de confianza y de base-, y me propuse incrementar la comunicación entre todos. Desde siempre aquí ha habido talleres. El de ajedrez, por ejemplo; como sabes a Juan José Arreola le interesaba mucho el ajedrez, y al poner aquí un taller sobre esa actividad -que era su pasión-, pues sentó las bases para que continuara hasta la actualidad. Esta continuidad se expresa todo el tiempo, porque ahora que tuvimos aquí la Fiesta del libro y de la rosa, donde participaron Jaime Labastida, Felipe Garrido, Ana Mari Gomís, Pablo Boullosa y Homero Aridjis, éste último contó la anécdota de que Arreola le decía: “¡dedícate al ajedrez, no a la escritura!”, pero bueno, volviendo a la estrategia que seguí, para posicionar a la Casa del Lago como un centro cultural de la UNAM, fortalecer la vinculación con otras entidades de la Universidad y la relación con los estudiantes y a la vez proyectarlo hacia todos los ámbitos. Ganar una posición. Empecé por desarrollar una imagen, poner letreros vistosos a la entrada en el Paseo de la Reforma, en cada entrada y hacia el lago,  para atraer a la gente. Letreros para que la gente supiera que éste es un espacio universitario. Quise también ubicarlo como un centro de reflexión sobre el medio ambiente, por el sitio que ocupa junto al lago, y porque todos mis hijos son ambientalistas y me recuerdan sus preocupaciones constantemente.

Aquí se han presentado varias exposiciones sobre temas del medio ambiente…

Cuando yo le planteé esto a Víctor Palacios –el curador de artes visuales de la Casa del Lago-, él me dijo que tendría que ser un concepto  de medio ambiente en sentido muy amplio, no sólo limitado a lo sustentable, analizar entornos en donde se integran elementos naturales, artificiales y culturales y los cambios que se producen por la intervención del hombre. Este criterio se planteó  a la Dirección General de Artes Visuales y a la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, se aprobó y fue visto con muy buenos ojos. Se definió una línea curatorial muy clara para trabajar las exposiciones de arte contemporáneo bajo cuatro conceptos: El entorno a debate, que son exposiciones colectivas que proponen análisis y reflexión sobre un tema, un entorno. Hemos trabajado sobre el consumo con la exposición El vértigo de la abundancia, el consumo de sustancias que alteran la percepción con Los comedores de loto; sobre el trabajo La empresa soy yo, tendremos bajo ese tema una exposición sobre el ocio. La próxima exposición de esta tipología será sobre la alimentación y se llamará Nocivos festines. Procesos alimenticios en la sociedad contemporánea. El segundo concepto es el de Promoción y producción artística. Bajo este criterio comisionamos proyectos artísticos que requieran investigación y trabajo de campo, ya sea sobre un entorno social o geográfico; se pueden presentar en alguna de las salas de exhibición o en los jardines. Tenemos ahora la bandera Pertenecer es una forma de obligarnos del artista sinaloense Ling Sepúlveda, que reflexiona sobre el control de las sociedades contemporáneas; forma parte del programa Batiente. Exponemos dos banderas al año para el asta de la Casa, únicamente en septiembre ondea la bandera nacional. El tercer concepto es el de Instrospección. Mirar hacia adentro. Aquí se presenta la obra de artistas que han estado trabajando en la reflexión sobre el medio ambiente; en este momento tenemos una pieza en los jardines titulada El infierno de unos de Óscar Cueto, que reflexiona sobre los jardines y su adolescencia. Por último tenemos la tipología Organismos autogestionados, bajo la cual ofrecemos un espacio a colectivos, cooperativas o asociaciones que colaboran con artistas en temas sobre el medio ambiente, para presentar su trabajo y desarrollar un proyecto específico que se vincule con el público. Acabamos de tener la exposición Ciudad educadora del colectivo Proyector, un grupo de urbanistas, arquitectos y comunicadores; la próxima será del grupo La Galería de Comercio, que trabaja el arte en el espacio público.

Tratamos de manejar temas de medio ambiente en todas las disciplinas, pero sin duda es a través de las artes visuales donde mejor se puede hacer; pero también con el teatro y el cine y en algunos casos con la música.

Los talleres de la Casa del Lago son tal vez lo más conocido de las actividades que aquí se llevan a cabo…

Son en efecto muy importantes. Siempre ha habido muchos e importantes talleres, pero consideré al llegar que había que meterles dinamismo. Tenemos cursos de cine, artes visuales, danza, arte contemporáneo, dibujo, literatura, de todo. Este último trimestre tenemos 45 talleres con 65 grupos, se inscribieron más de 1,400 alumnos. Son estudiantes, amas de casa, gente que ya terminó la carrera. Se han incluido 24 nuevos talleres, y se han renovado casi todos; la cuota de recuperación es muy accesible. Hay talleres de dos o tres horas, una o dos veces a la semana; algunos son al aire libre, como jardinería.

¿Tienen algún tipo de medición para ver cuánta gente viene a la Casa del Lago?

Sí, claro. Contamos al público en los conciertos, obras de teatro, cine y la entrada a salas de exhibición. En lo que va de este año, tenemos un promedio de 14,800 visitantes al mes. El mes de marzo fue muy alto -23 mil personas-; sólo en un concierto de la Orquesta Juvenil Eduardo Mata  tuvimos 5 mil, fue espectacular y con un ambiente muy agradable.

¿Qué representa el hecho de estar en el corazón de Chapultepec?

Es una cuestión importantísima, y por eso, al poder llegar a públicos amplios y muy variados, creo muy relevante incluir no solamente espectáculos, sino también actividades de reflexión. Por eso nos vinculamos con el PUMA –el Programa Universitario de Medio Ambiente-, el Instituto de Biología. Todas las exposiciones tienen actividades paralelas como mesas redondas, conferencias, talleres académicos. Invitamos a sociólogos, investigadores, expertos de muchos temas. Lo que buscamos es que la Universidad esté presente en el bosque más popular y concurrido de México. Desde el año pasado presentamos aquí también obras de los estudiantes del Centro Universitario de Teatro, el CUT; yo considero estas presentaciones como una extensión de su capacitación, al presentarse en un espacio profesional, ante un público que pagó su boleto. El teatro es de las pocas actividades que se cobran.

¿Qué relaciones tiene la Casa del Lago con la cultura internacional?

Nuestras relaciones con el exterior son muy amplias. En este momento tenemos un programa de residencia de artistas con Flora + ars natura, una asociación del curador José Roca de Colombia. El año pasado se ganó esta residencia Tania Candiani, una artista muy talentosa. Estuvo mes y medio en Honda, a orillas del Río Magdalena -la cuna de García Márquez- y produjo unas siete piezas entre fotos, videos y un herbario de la zona. También se trajo una balsa sobre la que montó un video homenaje a Werner Herzog, inspirada en la película Fitzcarraldo; la exposición se presentó en Bogotá y aquí. Nosotros recibimos artistas de todas partes del mundo. En particular para el festival internacional Poesía en Voz Alta, siempre contamos con poetas extranjeros. A  principios de abril tuvimos al alemán Eugene Gomringer, el padre de la poesía concreta. Es un  hombre de 89 años, se presentó con su hija Nora, también poeta. En este festival contamos con Lalo Narrubia de Uruguay, Khalid K de Marruecos, Christophe Fiat de Francia, Eric Doradea de El Salvador y Josep Pedrals de España. Tendremos en septiembre una exposición de los artistas Julia Rometti de Francia y Víctor Costales de Biolurusia, así como otra colaboración entre el mexicano Jonathan Hernández y el colombiano Antonio Baraya; en las exposiciones colectivas hemos contado con piezas de artistas de muchos países. Tenemos contacto con embajadas y centros culturales de otras latitudes, con la embajada de Suecia,  España, Finlandia, Suiza, el British Council, el Instituto Goethe, con  Canadá, con el IFAL y la Casa de Francia. Y todo esto lo complementamos relacionándonos con otras instituciones nacionales. Desde hace años tenemos relación con la Escuela Nacional de Música y la Coordinación de Música y Ópera del INBA, y gracias a eso tenemos aquí conciertos de cámara todos los sábados. Hemos ampliado esa relación al Programa de Fomento Musical de CONACULTA, a la Dirección General de Música de la UNAM-INBA, tenemos actividades con Alas y Raíces de CONACULTA para actividades infantiles, conciertos de rock algunos sábados a través de Sonidos Urbanos. Como aquí no hay bebidas alcohólicas,  pueden venir jóvenes menores de 18 años, y se genera una atmósfera particular. Tenemos conciertos de rock dos sábados al mes, y otros dos sábados presentamos bajo el programa Músicas del mundo, música africana, vasca, alemana, etc. También organizamos el Festival de tango, este será el sexto año y estará dedicado al bandoneonista Aníbal Troilo; en noviembre contaremos con una participación de jóvenes flamencos de España.

¿Se podría considerar a la Casa del Lago como un centro de atracción turístico?

Claro, porque es un recinto histórico precioso, en el parque más grande de Latinoamérica, con actividades culturales de toda índole. Entonces, para los visitantes extranjeros o del interior de la República que quieren conocer la cultura mexicana, la Casa del Lago es un lugar idóneo, porque aquí se reúne una gran diversidad de expresiones artísticas de primer orden. Hay una sala de cine con 70 butacas enfocada en cine documental; también tenemos actividades al aire libre, exposiciones, todo lo que a un turista le puede interesar. La Casa del Lago de la UNAM es un valor cultural histórico de la Ciudad de México.

¿Qué planes tienes a futuro?

Estamos por arrancar un espacio sonoro para poder tener en el jardín instalaciones sonoras de artistas, acabamos de instalar un equipo multicanal. Hay una labor administrativa cotidiana muy importante, donde debe haber una metodología más estructurada –sin que se pierda la creatividad- para consolidar y darle continuidad al trabajo realizado. Tenemos que continuar el trabajo de promoción con el público que asiste al bosque, buscando utilizar un lenguaje accesible  sobre todo en las exposiciones, ya que  el arte contemporáneo utiliza muchas veces un lenguaje muy críptico y complicado. Finalmente, trabajamos para fortalecer todas las actividades con los estudiantes, participamos en el programa En contacto contigo. Me gustaría que consiguiéramos cumplir la visión que definimos en el plan estratégico: ser un referente de la UNAM como centro cultura experimental de alto perfil, que promueve la reflexión y el diálogo entre las diversas manifestaciones artísticas y el medio ambiente con un equipo de trabajo enfocado al servicio,  potenciando así su estratégica ubicación en el parque público más grande de América Latina.

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