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Crecimiento

La economía crece, los salarios no

2017 fue, por primera vez desde la crisis económica de 2008, un año de crecimiento para las principales economías del planeta. Estados Unidos, considerado el motor principal de la maquinaria, creció a 2.3%. Y todos los demás países le siguieron el ritmo. Canadá y México tuvieron un crecimiento aceptable de 2.5%. La Unión Europea tuvo un 2.2%. Corea del Sur se llevó la palma con un 2.7%. Otros estuvieron por debajo de esos porcentajes, pero no se rezagaron demasiado. Rusia y  Australia crecieron a un 1.8%; Japón a un 1.4%; el Reino Unido, con todo y su salida de la Unión Europea, alcanzó un 1.5%; Brasil, con todo y sus problemas políticos y legales, logró un 1%.

Los nuevos monstruos de la población y el desarrollo se cocieron en otra olla: India tuvo un crecimiento de 6,2%; Turquía de 4%; Indonesia de 4.9% y China -el dragón imbatible- llegó al 6.6%. No mucho, para sus parámetros.

Ante este panorama, los analistas de las principales consultorías económicas están de plácemes. También los voceros de los bancos y las agencias financieras internacionales. El orden económico internacional no se vino abajo. Se perdieron empleos que paulatinamente se recuperaron. Las medidas de emergencia impuestas por el gobierno de Barack Obama funcionaron. Ninguna economía se colapsó. El terrorismo no generó parálisis por el pánico. Los amagos de guerra nuclear del año pasado no se cumplieron. Inclusive Trump estuvo medianamente medido en Davos. Fue abucheado por sus críticas a la prensa, pero nadie esperaba otra cosa.

Sin embargo, los beneficios del crecimiento no se distribuyen equitativamente. Inclusive en las naciones nórdicas, donde la socialdemocracia ha combatido exitosamente la desigualdad social, los salarios de los trabajadores se han estancado en los últimos años. Lo mismo ha sucedido en los países anglosajones. En el Reino Unido, donde el desempleo se controló hasta llegar al 4.3%, el salario se incrementó apenas un 2.1%. Y en Estados Unidos, donde la tasa de desempleo cayó hasta el 4.2% el pasado mes de septiembre, los salarios crecieron en 2.9%.

¿Y el resto de los países? Por obra de la globalización, las empresas más poderosas buscan contratar a la mano de obra más barata para la elaboración de sus productos. Por eso en China los salarios siguen siendo muy bajos. Y en las naciones de África y América Latina las economías integradas tienen los salarios más bajos del mundo. Es una vergüenza, pero mientras en California el salario mínimo es de 2,000 dólares mensuales, en México es de 100 dólares al mes.

Sí: las cifras hablan por sí solas. El crecimiento de las economías del mundo es un hecho.

Las desigualdades también.

(Fotografía: The New York Times)

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