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La milpa sustentable es una alternativa para los minifundios.

Por Eduardo León Garza.

Antes de la Conquista, en el Valle de México el sistema agroalimentario de la población ha sido la milpa, un modelo rural donde el ingrediente básico es el maíz, aunque asociado con  el ejote, el frijol, el chile, la calabaza, el tomate, el jitomate, la cebolla y otros más, según las necesidades y los recursos de la familia campesina.

En la milpa los subproductos del maíz -aparte de los de consumo humano- permiten también ser el sustento de la alimentación del ganado (como aves de corral, vacas, borregos, cabras y cerdos), y gracias a ello, la dieta de la familia campesina puede contar con productos fundamentales como huevo, carne y leche.

La alimentación de la población mundial se basa en buena parte en la producción de granos. El grano de mayor importancia es el maíz, que cuenta con el 39% del total, seguido del trigo con 30%, el arroz con 21% y otros con el 10%.

No cabe duda de que el maíz es el cultivo más importante de México. En el país se producen alrededor de 21  millones de toneladas de maíz en una superficie de 8.5 millones de hectáreas, y en su cultivo laboran 3.2 millones de productores -en su mayoría ejidales y minifundistas- de los cuatro millones de productores agrícolas en el país.

Alrededor del 90 por ciento de la producción es de maíz blanco, y se destina básicamente al consumo humano.

Existen dos tipos de productores de maíz: el primer grupo representa el 92% de los productores, posee predios menores a 5 hectáreas -en su mayoría de temporal- y aportan el 56.4 % de la producción total, de la cual el 52% se destina al autoconsumo. Su productividad es muy baja. Sus rendimientos fluctúan entre 1.3 y 1.8 toneladas por hectárea.

El segundo grupo sólo representa el 7.9% de los productores; poseen predios mayores  de cinco hectáreas en su mayoría de riego; aportan el 43.6% de la producción total. Sus rendimientos son superiores. En algunas regiones de riego, pueden tener rendimientos de 10 toneladas por hectárea.  El rendimiento promedio de la producción de maíz por hectárea en México no es mayor a 3 toneladas por hectárea.

El maíz que produce México no alcanza para satisfacer nuestras necesidades. Por eso,  las importaciones de maíz provenientes de Estados Unidos han ido en aumento, llegando en los últimos años a casi a la tercera parte del consumo nacional (9 millones de toneladas).

A pesar del abandono que ha sufrido el campo, en México todavía existen 25 millones de campesinos, de los cuales más del 75% vive en situación de  pobreza o de alta marginación.

La superficie total cultivable del país es del orden de 30 millones de hectáreas. Esta extensión difícilmente puede ser incrementada, debido a que en las 6.4 millones de hectáreas de riego las fuentes de abasto están sobre explotadas y en las tierras de temporal las precipitaciones pluviales son muy irregulares, lo cual se acentúa por los efectos del cambio climático.

Ahora se importa cerca del 40% de nuestros alimentos básicos y debido a la falta de producción en el campo creció el desempleo y aumentó la miseria rural. Esto abrió las puertas de la emigración de cientos de miles de jóvenes por año, ya sea hacia el vecino país del norte, a los cinturones de miseria urbana, o muchos a sumarse, impulsados por la necesidad, al crimen organizado o a la delincuencia.

Ante esta situación, el Estado no ha estado cruzado de brazos. Pero el problema no se ha resuelto. Existen programas millonarios de apoyo al campesino para incrementar la productividad, que se convierten en dádivas al no existir mecanismos de producción agrícola eficiente.

  • La milpa sustentable

La Milpa Sustentable es un sistema sencillo, barato y eficaz, que puede convertirse en una palanca para el incremento de la productividad en el campo. Con este sistema, en un traspatio no mayor de 250 metros cuadrados, se logran tres cosechas de maíz por año.

La producción anual es de alrededor de una tonelada, uniformemente distribuida a lo largo de 52 semanas a razón de aproximadamente 20 kilogramos por semana.

El consumo de agua se reduce en promedio aproximadamente al 10% del agua requerida en los cultivos altamente tecnificados.

La mano de obra requerida es la de su propietario y de tan sólo un día por semana.

Se utiliza como fertilizante la urea diluida en agua, que contiene la orina humana.

No requiere de tractores, ni de yuntas, ni fertilizantes químicos, ni mucho dinero, ni de terreno.

Es un sistema agroalimentario donde el ingrediente básico es el maíz, asociado con otros productos como: el ejote, el frijol, el chile, la calabaza, el tomate, el jitomate, la cebolla y otros según las necesidades y recursos de la familia campesina.

La única inversión de este sistema consiste en la compra de una bolsa de polietileno de 50 x 50cm., que tiene un precio al menudeo de aproximadamente 2 pesos.

En cada bolsa se produce cuando menos un elote cada cuatro meses, que tiene un valor aproximado de 2 pesos. Con buena semilla, se pueden producir dos elotes por planta en cada bolsa.

El retorno de la inversión es de cuatro meses, y la utilidad neta anual supera el 200%. Se invierte un peso y se recuperan tres.

La vida útil de la bolsa es de tres años, y en ese lapso se producen por lo menos nueve elotes, otorgando un beneficio económico neto superior a ocho veces la inversión durante su vida útil.

En la actualidad, a más de un año de la puesta en práctica de la Milpa Sustentable en un pequeño terreno de Nepantla, en el Estado de México, he tenido una productividad de 1.3 toneladas en un espacio de 250 metros cuadrados. En cada bolsa, además, ya se está produciendo frijol.

Para ver el funcionamiento de La Milpa Sustentable:

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