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Princess

La Princesa

La Princesa es un personaje capital de los cuentos de hadas. Y una figura emblemática del poder de los califas, la riqueza acumulada en unas cuantas manos y la suntuosidad de los confines del reino. Es también la joya escondida en el corazón de su padre y la presea que espera en un palacio radiante al príncipe de sus sueños.

Así es la princesa Jazmín de la leyenda de Aladino -encarnada en la pantalla por Naomi Scott, el nuevo talismán de Hollywood-, y así es el molde que aspiran a llenar las hijas de todos los sultanes del universo árabe. Sin embargo, muchas veces, la realidad no llega a cumplir los sueños de las princesas que engalanan el mundo del Islam. En ocasiones las princesas suelen mostrar sus peores defectos. Entonces se vuelven toscas, caprichosas, dueñas de gestos y emociones muy  desagradables, impetuosas, irrefrenables, altaneras y presuntuosas. De ser las flores más bellas del jardín de los sultanes se convierten en bellacas insoportables.

Un ejemplo de todo eso sucedió hace unos años en París, cuando la princesa Hassa Bint Salman, la única heredera del poderoso rey Salman Bin Abdulaziz de Arabia Saudita, se vio retratada por un trabajador de un lujoso departamento de París, y ordenó a su guardaespalda que lo detuviera y le diera un merecido escarmiento.

El guardaespalda no lo pensó dos veces. Sometió y amarró al empleado con las manos en la espalda, y le ordenó ponerse de hinojos para besar los empeines de la princesa. Todo un espectáculo propio de los cuentos infantiles, pero al revés.

Esa escena deplorable sucedió en septiembre de 2016, y a finales de 2018 un tribunal francés ordenó el arresto de la princesa.

Pero las princesas no pisan las cárceles, por supuesto, y tampoco se presentan a juicio. El abogado de su alteza dijo que ella no había acudido porque el citatorio no se entregó como es debido en el Palacio Real de Arabia Saudita. Pero eso no importa. El daño ya fue hecho y reconocido por el mundo entero. El fiscal ahora busca una sentencia de 6 meses de prisión y una multa de 5,000 euros por violencia, secuestro del trabajador y robo y destrucción de su cámara. Los acusados son la princesa y su guardaespalda.

Tal vez a la princesa no le importan los laberintos legales. Pero lo cierto es que para ella se acabaron las vacaciones en París.

(Información de Time y Le Monde)

 

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