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La República de Cataluña

El próximo domingo primero de octubre será el referéndum decisivo. Cataluña dirá en las urnas si se separa de España. De acuerdo a las últimas encuestas, lo más probable es que gane la respuesta negativa. Según esa tendencia, la mayoría de los catalanes quieren seguir perteneciendo a España. Pero existen varios ingredientes que señalan un caldo de cultivo diferente. El pasado lunes, para conmemorar la Diada -el día festivo de Cataluña-, la manifestación fue tumultuosa, con cálculos que van de los 350 mil hasta los dos millones de manifestantes, y la independencia de Cataluña estuvo en el centro de las consignas. Fue como un prolegómeno para la votación que se avecina.

Pero no hay que creer que las votaciones y los referéndums son procesos pacíficos y tranquilos. El de Cataluña, fuera de Cataluña, nadie lo quiere. Para atizar el fuego de la hoguera, el gobierno de Mariano Rajoy -la bota autoritaria de Madrid, para muchos catalanes- ha prohibido la votación, y para impedir que se lleve a cabo ha enviado a la policía federal para desaparecer las urnas. La Secretaría de Salud ha prohibido el uso de los hospitales como centros electorales, y todas las entidades públicas que dependen de Madrid le dan la espalda al establecimiento de las casillas para votar. El Tribunal Constitucional ha puesto al referéndum al margen de la ley, y en consecuencia todo el que lo acate será tratado como delincuente.

Y del otro lado, nadie quiere sacar las castañas del fuego. Al contrario. Si la región debe arder, que arda. El gobierno de la Generalitat -así se llama el gobierno con sede en Barcelona- ha preparado una constitución provisional que entrará en vigor a los dos días de que gane el SI en el referéndum. Se trata de una legislación mínima. Habla de los ciudadanos catalanes -por nacimiento, por residencia de cinco años o por ser hijos de catalanes-, de la adopción de tres lenguas oficiales -la catalana, la occitana y la castellana- y, tal vez lo más importante, es que todos los cargos y las dependencias del gobierno de Madrid pasarán a manos de la Generalitat. Es decir, que Cataluña se constituye en otro país, ya sin lazos políticos con España.

¿Tuvo que ver el acto terrorista de Barcelona con la radicalización separatista de los catalanes? Probablemente sí, porque algunos podrían pensar que si Cataluña hubiera estado separado de Madrid, el atentado hubiera sido en otro lugar. Finalmente la política antiterrorista de la nación sale del Palacio de la Moncloa.

En el fondo, España está ya separada. Lo que se avecina, en unos cuantos días, es un choque de trenes.

 

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