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AMLO RAmos

Libertad de prensa

El debate entre el periodista Jorge Ramos y el presidente López Obrador fue un acto inédito en la política mexicana. Nunca antes se había visto, públicamente, una confrontación abierta entre el jefe del Ejecutivo Federal y un periodística crítico de su mandato y su figura. Por eso el periodista, tratando de encontrar un equilibrio entre la apertura de López Obrador y su propia imagen de pluma crítica, publicó un artículo en The New York Times en el que le reconoce al presidente un cúmulo de aciertos y errores sobre el tema.

Entre los aciertos está, por supuesto, la propia apertura. Dice Ramos:  “Solo en México. No pasa en ningún otro país del mundo que un presidente dé una conferencia de prensa todos los días (con excepción de sábados y domingos). Ahí —a las siete de la mañana y en lo que los mexicanos llaman la Mañanera— Andrés Manuel López Obrador marca la agenda de su joven gobierno, responde a críticos y contesta las preguntas de los reporteros que asisten.

Es un extraordinario ejercicio democrático. Los periodistas preguntan lo que quieren, con micrófono en mano y un límite de dos preguntas, según consta en las trece reglas de la conferencia matutina establecidas por la oficina de comunicación de la presidencia. No hay ningún tipo de censura ni es preciso presentar las preguntas por adelantado.”

Entre los errores, Ramos sostiene que uno de los peores es el de descalificar a la prensa que lo critica, tal y como lo hace Donald Trump en su twitter. “A pesar de la clara apertura periodística durante las Mañaneras, López Obrador ha utilizado sistemáticamente ese espacio para desacreditar a reporteros, columnistas y a medios de comunicación que lo critican. Les llama “prensa fifí”, entre otros calificativos (como conservadores y deshonestos). Él dice que solo está ejerciendo su “derecho de réplica”. Y lo tiene. Las Mañaneras gozan de una gigantesca distribución en las redes sociales y, muchas veces, dominan las noticias en los medios de comunicación tradicionales.

Uno de los pocos puntos en común entre AMLO y Trump es su obvia molestia e impaciencia con la prensa que los cuestiona. Ambos tienen la piel muy delgada, reaccionan duro ante sus adversarios y demuestran una gran habilidad en el manejo de Twitter, Facebook e Instagram. Estos son otros tiempos, suele decir AMLO. “Benditas redes sociales”, ha dicho.

Tengo que reconocer una gran diferencia entre ambos: AMLO aguantó y respondió todas mis preguntas durante la conferencia de prensa en Ciudad de México, mientras que Trump, en 2015, me expulsó con un guardaespaldas de una de ellas en Dubuque, Iowa.”

Uno de los desplantes de López Obrador que más molestaron a Jorge Ramos fue su exigencia al periódico Reforma de revelar sus fuentes en el caso de la solicitud de perdón al Rey de España por las atrocidades cometidas durante La Colonia. Dice Ramos que eso es un “ataque a la libertad de prensa”.

¿Será cierto eso? Si la prensa no tuviera el secreto de sus fuentes, ciertamente, nos privaríamos de varios asuntos relacionados con el tema. No habría declaraciones “off the record”. No hubiera existido el caso Watergate, donde algunos funcionarios de Washington revelaron archivos secretos. No existirían WikiLeaks ni la popularidad de Julian Assange. Joaquín López Dóriga no tendría los chismes al instante. Pero nadie sabe si eso iría en detrimento de la libertad de prensa.

Lo que sí es cierto, y no se tocó en el debate entre Jorge Ramos y López Obrador, es que la libertad de prensa en México tiene un enemigo todopoderoso del cual no se habla: en México nadie lee.

Ni los periódicos.

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