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Locura y heroísmo

La escena ya es común en Estados Unidos. Un hombre armado ingresa en cualquier momento a un lugar lleno de gente -puede ser una escuela, un cine, una iglesia, un concierto, un restaurante- y empieza a disparar contra los ahí presentes. Mujeres, hombres, niños, ancianos, blancos, hispanos, negros. El número de muertos depende de varios factores: la fiereza del atacante, el tipo de armas que utiliza, la velocidad del ataque, la posibilidad o no de la escapatoria. Cuando menos, casi siempre hay uno o dos muertos. En la peor matanza reciente -en Las Vegas, el 1o de octubre de 2017-, fallecieron 58 personas.

Ahora este tipo de ataque se desarrolló en uno de los restaurantes Waffle House de Nashville, Tennessee, donde un hombre ingresó al restaurante y empezó a balacear a la clientela, con una precisión aleatoria que puso pecho a tierra a los pocos que alcanzaron a ver lo que sucedía. Todos se protegieron, menos uno. James Shaw Jr. tuvo el coraje suficiente como para enfrentar al atacante. En una fracción de segundo saltó detrás de una puerta para detenerlo, y a pesar de resultar herido de un balazo logró despojar al atacante de su rifle y arrojarlo lejos de su alcance. Ahí terminó la carnicería. El saldo fue de cuatro muertos.

Tiempo después, los medios se poblaron de declaraciones. La policía logró detener al joven Travis Reinking; así se llama el atacante. Era un hombre que, al igual que todos, obtuvo su rifle de manera legal, aunque ya tenía un historial de locura. En julio de 2017 fue detenido por merodear sospechosamente en las áreas prohibidas de la Casa Blanca. A principios de ese año había declarado a la policía que la cantante Taylor Swift le había hackeado su cuenta de Facebook, y se sentía desprotegido ante el asunto. Un hombre paranoico y sumamente peligroso. Muy bien armado, como todos los de su estilo.

En el otro extremo los medios recogieron las declaraciones de James Shaw Jr., un joven negro que al lanzarse sobre Reinking salvó muchas vidas. “No soy ningún héroe -dijo con modestia-, soy como cualquier otro ciudadano. Pero me di cuenta de que si no lo detenía iba a morir sin remedio. Y jamás volvería a ver a mi pequeña Brookyn.”

Shaw es un trabajador de AT&T, asiste a cursos universitarios en la universidad del estado de Tennessee y tiene una niña de 4 años.

Todos los presentes lo despidieron con un aplauso.

Mientras tanto, en las calles de las principales ciudades del país, un tumulto de adolescentes exigen que se limite el libre tráfico de armas.

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