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Los pequeños del narco

El pueblo de Tlaquepaque, situado al sur de Guadalajara, es un pueblo mágico frecuentado por turistas nacionales y extranjeros. Tiene rincones llenos de cerámica, plazas y quioscos, fondas  con equipales para comer birria y pancita, esquinas para escuchar mariachis. Pero también tiene una colonia maldita llamada Cerro del Cuatro, un territorio tomado por el narcotráfico para instalar casas para los jóvenes reclutas, tiendas de abarrotes para sus productos y baldíos para el adiestramiento de armas y ejecuciones.

Tlaquepaque no es el único pueblo o municipio donde el Cártel Jalisco Nueva Generación asienta sus dominios. También están Tonalá y Tlajomulco, y las cuadras más pobres de la zona metropolitana de Guadalajara.

Y por supuesto el dominio del narcotráfico no se reduce al estado de Jalisco. Se encuentra en toda la República, aunque sus cárteles y células se han infiltrado en mayor medida en los estados de Tamaulipas, Sinaloa, Veracruz, Michoacán, Guerrero, Baja California, Coahuila, Nuevo León, Guanajuato, el Estado de México, Morelos y ahora en la Ciudad de México.

El narcotráfico en México se alimenta de la pobreza y el abandono de los niños y jóvenes. Hay millones de historias de niños y niñas de la calle que son reclutados porque no tienen ninguna otra opción de vida. Existen células que atraen a los niños desde pequeños, y paulatinamente los van adiestrando en el camino de la lealtad y la violencia. En la zona central del país, particularmente en el estado de Morelos, los halcones que avisan a sus jefes de la presencia de la policía, el ejército y otras bandas llegan a ganar 8 mil pesos en nómina. Y los que empiezan a ejecutar enemigos ganan 12 mil pesos mensuales en el escalafón de la muerte.

Es un escenario complicado para la actuación de la Guardia Nacional y el programa de becas  Jóvenes Construyendo el Futuro.

(Información de Animal Político y Reforma)

 

 

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