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Muerte en clínica

Así como hay muchas formas de morir, existen también muchas formas de matar. En las guerras es común morir en combate, aunque la tecnología ha eliminado de golpe los combates cuerpo a cuerpo y ha propiciado una mayor cantidad de muertes a distancia, ya sea con bombardeos aéreos o mediante proyectiles dirigidos por computadora.

Pero hay muertes más directas, menos anónimas, más cruentas y satisfactorias para las cabezas sádicas. Por ejemplo, las muertes que los torturadores infringen a sus víctimas. O las de los asesinos seriales. Y en este terreno, acaba de salir a la luz en Alemania el caso de un enfermero que lleva en sus espaldas, comprobada, una lista escalofriante de 85 víctimas. Eran pacientes que atendía en los hospitales de Oldemburgo y Delmenhorst al norte del país, y que les suministraba dosis letales de medicamentos sin que nadie se diera cuenta.

El hombre se llama Niels Högel, y su pasatiempo era jugar con la vida y la muerte de los enfermos que tuvieron la mala suerte de caer en sus manos, allá en los callejones de la terapia intensiva. Cuando llegaba un paciente a sus dominios, el supuesto enfermero le suministraba una dosis de medicamentos para bajar la presión sanguínea hasta la muerte, y cuando empezaba la agonía metía reversa para tratar de revivirlo. A veces lo lograba, y se ponía feliz por haber demostrado sus capacidades de revivir a los moribundos. Pero en la mayoría de los casos fracasaba, y se retorcía de culpabilidad hasta que llegaba la siguiente víctima y experimentaba nuevamente.

En Alemania estos casos no son extraordinarios. Después de los casos emblemáticos que quedaron como rescoldos de la Segunda Guerra, salieron a la luz otros ejemplos. Volker Eckert era un camionero que fue regando con cadáveres de prostitutas sus trayectos por Europa; Hans Erwin Hagedorf se llamaba un asesino serial de niños que los decapitaba en los bosques, y en los recorridos para turistas está el departamento del célebre asesino Fritz Honka, llamado “el destripador de la zona roja de Hamburgo”.

Esta semana, Niels Högel fue sentenciado a cadena perpetua.

(Con información de The Guardian)

 

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