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Nuevo antisemitismo

Por supuesto que el horror que vivió el pueblo judío durante el holocausto no ha sido el único ni el peor de la historia. La esclavitud de los pueblos de África, que fueron arrancados de sus tierras y llevados como animales de trabajo a otras latitudes, el aniquilamiento de los indígenas de América a manos de los colonizadores españoles, la guerra étnica contra los musulmanes en Yugoslavia y la campaña de exterminio de los aborígenes en Australia y Nueva Zelanda son botones de muestra de las linduras que se han cometido a nombre de dios, la civilización, la pureza racial y el progreso.

Sin embargo, la muerte de 6 millones de judíos a manos del nazismo es uno de los fenómenos más recientes y difíciles de olvidar por parte de los agraviados. Y ahora resulta que también de los agresores. Una reseña de The New York Times afirma que en Alemania el antisemitismo no solo no ha muerto, sino que ha renacido con nuevos bríos.

La reseña parte, como es natural, de los esfuerzos que el viejo imperio de Hitler ha realizado en las últimas décadas para borrar el pasado negro de su historia. En Alemania existe un empeño permanente por crear en el interior de sus fronteras una sociedad culturalmente plural, y en las nuevas generaciones se introduce el fermento de la igualdad entre géneros, razas, clases sociales, y los hijos de los emigrantes de diferentes naciones.

Pues bien, eso no solo no se ha logrado, sino que existen evidencias de que una oscura capa de antisemitismo cubre las reacciones instintivas de los más pequeños. Una anécdota es relevante: durante una clase de civismo en la educación primaria, una maestra preguntó a los niños del salón de su clase a qué tipo de templo acudían para realizar sus oraciones. Uno de los niños dijo “una iglesia católica”; otro dijo “una mezquita”; otro más dijo “un templo evangelista”. Y cuando un niño judío dijo “una sinagoga”, se hizo un silencio expansivo. El estigma cayó sobre el pequeño con el recuerdo de los campos de concentración y el aniquilamiento total.

En Alemania existen actualmente 200 mil judíos, y no todos gozan de la florida aceptación de sus vecinos. Muchos de ellos, como en los viejos tiempos, aconsejan a sus hijos callar el hecho de ser judíos. Cautela, ante todo. Otros, los más beligerantes, se atreven a desafiar las muestras de antisemitismo en las calles, y al enfrentar a sus agresores reciben insultos semejantes a los de tiempos de la Gestapo.  “Regrésate a tu cámara de gas”, les dicen.

Un agravante adicional del rechazo que existe en Alemania hacia los judíos es el antisemitismo profesado por los seguidores del Islam. Los emigrantes de Siria, Turquía y Argel educan a sus hijos en la máxima de que el único dios de los judíos es el dinero, y los alemanes encuentran así al culpable adecuado -otro extranjero- de su propio antisemitismo.

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