¿Otra Hillary?

“Lo primero que voy a hacer es restablecer lo que se ha perdido en este país: la integridad y la compasión”. Con esas palabras la senadora Kirsten Gillibrand anunció que va a contender por la candidatura presidencial en Estados Unidos en 2020. Su anuncio en el programa de Stephen Colbert de la CBS provocó un revuelo político incesante en las cuentas de Twitter.

Aunque la senadora es una figura familiar en su distrito electoral, en el resto del país no es aún muy conocida. Pero ahora en los círculos políticos ya resulta inconfundible. Es una mujer rubia, salida de la clase media pujante de la nación, dueña de un enorme espíritu de lucha, ama de casa y amante de sus hijos y su familia, oscilante en sus creencias a lo largo de su trayectoria y con la certeza de que puede llegar a la Casa Blanca. Todo, al igual que Hillary Clinton.

Más aún, en enero de 2009, cuando Hillary fue llamada por el presidente Obama para convertirse en Secretaria de Estado, Kirsten Gillibrand ocupo su lugar en el Senado.

A partir de entonces, la senadora Gillibrand ha sufrido una serie de cambios radicales en sus posturas políticas. De defender el derecho a la posesión de armas por parte de los ciudadanos pasó al reclamo de limitar radicalmente sus ventas; de la deportación de todos los indocumentados del país pasó a la consideración preliminar de sus derechos, incluyendo el de asilo y naturalización; del rechazo a los matrimonios entre personas del mismo sexo pasó a su aceptación y apoyo, Más aún, siendo una de las mejores recaudadoras de fondos para las campañas políticas, se puso del lado de Bernie Sanders en sus críticas al poder de Wall Street. Y, sobre todo, Gillibrand se ha convertido en un símbolo del poder de las mujeres en la arena política. Ha participado en todas las marchas recientes de mujeres en contra del actual presidente, y tuvo un destacado papel en el rechazo de la postulación de Brett Kavanaugh a la Suprema Corte de la Nación. También, por si fuera poco, revivió el rechazo -bastante tardío- al esposo de Hillary Clinton por sus devaneos con Monica Lewinsky.

Sin embargo, como suele suceder en los últimos meses, su principal promotor ha sido el blanco de todas sus críticas: Donald Trump. Después de que la senadora pidió su renuncia ante la serie de acusaciones de varias mujeres que fueron acosadas por el antiguo empresario y animador de la televisión,  Trump dijo en un tweet que hace algún tiempo la senadora había estado en su oficina para pedir fondos, y que estaba dispuesta a lo que sea para obtenerlos. Gillibrand respondió que eso era “una simple calumnia sexual”.

Según las tendencias, si Kirsten Gillibrand resulta candidata, la campaña será un desgarramiento de vestiduras que rebasará los tradicionales enfrentamientos entre Demócratas y Republicanos.