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Trump Kim

Primer round para Kim

En el primer encuentro entre Donald Trump y Kim Jong-un en Singapur, para hablar del fin de las provocaciones recíprocas y la amenaza nuclear que agobió al mundo entero el año pasado, el vencedor indiscutible fue Kim, el hábil dictador de Corea del Norte.

El tema es sumamente polémico, pero a juicio de algunos críticos del ajedrez atómico que se juega entre ambas naciones, Trump no obtuvo buenos resultados en el encuentro.

Por supuesto que Trump salió de la reunión a decir que los resultados fueron excelentes. “La desnuclearización de la Península de Corea será inmediata”, afirmó, y posteriormente se deshizo en elogios de su antiguo rival. “Es un hombre muy talentoso, y he aprendido que ama profundamente a su país”, afirmó. Después -y con esto alarmó a los comentaristas de Estados Unidos- se hizo eco del punto de vista norcoreano al afirmar que “los ejercicios militares de Estados Unidos eran una provocación”, y que la situación de los derechos humanos en Corea del Norte era “dura”, pero después añadió: “al igual que muchos otros países, por cierto.”

Kim parece haber ganado el encuentro mostrando en primer término una actitud amistosa hacia el presidente de Estados Unidos. Conocía sus armas de antemano. Trump afirmó con una sonrisa: “Él confía en mí, y yo confío en él. Hemos construido una muy buena relación.”

Sin embargo, lo más importante fue lo que no se dijo. No se habló del congelamiento de los programas de uranio y plutonio, ni de la destrucción de misiles, ni del permiso para inspeccionar las instalaciones nucleares, ni del fin de las pruebas intermitentes. Desde este punto de vista, el tratado que tenía Estados Unidos con Irán era mucho más sustancioso.

Y sobre todo, a juicio de los analistas, resulta inexplicable cómo Trump puede insultar en su Twitter al presidente de un país aliado -Canadá fue el último caso- mientras estrecha la mano y sonríe afectuosamente a un dictador que hasta hace poco declaraba su propósito de destruir a Estados Unidos.

La respuesta es muy simple: si alguien se acerca a Trump con una sonrisa, se gana su afecto en el acto. Y si alguien se atreve a criticarlo, responde a puñetazo limpio.

Como los niños.

 

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