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Prófugo y muerto

Fueron 14 los muertos en Barcelona. Además de las 13 personas -paseantes, ancianos, niños, desempleados, madres- que el joven Younes Abouyaaqoub -22 años- arrolló con la camioneta alquilada, en su huida llegó a la zona universitaria, apuñaló a Pau Perez, un hombre que estaba estacionando su coche, puso su cadáver en el asiento trasero y se dio a la fuga en su nuevo vehículo. Luego abandonó el coche con todo y su dueño en Sant Just Desvern, un pequeño poblado en las inmediaciones de Barcelona. Esa fue su última pista. La policía aún desconoce su paradero.

El asesino no actuaba solo. La breve historia de su adoctrinamiento en una célula yihadista que se atribuye el Estado Islámico es una diminuta y monstruosa narración del terror. Un pequeño grupo de jóvenes marroquíes -entre 17 y 28 años- fue llevado al centro del fanatismo en muy poco tiempo por el imán Abdelkabi Es Satty, el santón de Gerona, un líder religioso de 45 años que llevaba ya varios veranos actuando entre España y Bélgica, reclutando adeptos para su causa. Los reunía en una camioneta en las afueras de la mezquita del pueblo, y para preparar un atentado colosal alquiló una casa en el poblado de Alcanar, en la provincia de Tarragona. Ahí se reunían para rezar y preparar explosivos, hasta que a mediados de agosto un explosivo estalló en la casa y en el derrumbe murieron tres personas. Una de ellas se cree que es el imán cabeza de serie. Ese fue el detonante que impulsó a los demás miembros de la célula a llevar a cabo sus matanzas.

La acción más visible de todas fue la masacre a los peatones de las Ramblas, pero el grupo preparaba otras matanzas. En Cambrils, un pequeño pueblo costero al suroeste de Barcelona, cinco jóvenes terroristas de la misma célula iban en un vehículo armados con cuchillos para apuñalar a todos los peatones del Paseo Marítimo, pero accidentalmente se toparon con un puesto de policía y fueron abatidos a tiros al presentar resistencia. Llevaban la misión de degollar a todos los turistas que disfrutaban de la brisa marina. Eso es lo que han confesado los cuatro detenidos por la policía. Hasta ahora el saldo del grupo han sido ocho muertos, cuatro detenidos y tres prófugos.

¿A qué obedece ese deseo irrefrenable de matar al prójimo gritando consignas religiosas? Dice Vargas Llosa que obedece exclusivamente al fanatismo. Y esa es la orilla más extrema. Si lo entendemos en sentido amplio, el fanatismo es la visión tribal de la vida, la defensa del grupo propio frente a las amenazas de los otros. Y eso puede traducirse en carnicerías salvajes, o en políticas de Estado.

(Con información de El País)

ULTIMA HORA: La policía informa haber matado al prófugo en Subirats, una región vitivinícola 45 kilómetros al Oeste de Barcelona. Younes Abouyaaqoub llevaba un cinturón de explosivos al ser liquidado.

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