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Rusia a la vista

Rusia está preparando sus misiles para incidir en la elección presidencial de Estados Unidos en 2020. No son misiles que estallan y destruyen fortalezas, sino herramientas para participar en las discusiones políticas de la tierra del Tío Sam y encauzar las opiniones hacia los objetivos deseados. El recurso ya probó su eficacia en las elecciones de 2016, y se piensa repetir la dosis. Pero en esta ocasión con una variante: en lugar de hackear las cuentas existentes y difundir noticias falsas, ahora se van a promover las nuevas cuentas y agencias noticiosas desconocidas, con el fin de imprimirle credibilidad a los mensajes.

Hasta hace poco tiempo, en San Petesburgo había una agencia encargada de influir en la vida diaria y en las elecciones de Estados Unidos creando cuentas que supuestamente se encontraban en Norteamérica y se dirigían a determinados públicos para exacerbar los prejuicios y los sentimientos encontrados. Y tenían un poder de persuasión enorme. Se descubrió que podían movilizar amplios sectores a favor y en contra del racismo -por ejemplo-, y convocarlos para enfrentarlos en plazas públicas. La población tenía la creencia de que las convocatorias surgían de cuentas radicadas en sus estados y vecindarios, y por ello acudían inocentemente a sus llamados y actuaban en supuesta libertad. Según un análisis de la Universidad de Oxford, entre 2015 y 2017 las cuentas falsas que Rusia elaboró en Twitter, Instagram, Facebook y YouTube para influir entre la población de Estados Unidos generaron más de 300 millones de visitas e interacciones. Y según The New York Times, se reveló que de las 81 páginas de Facebook creadas por la agencia rusa, 30 fueron diseñadas para un público afroamericano, que alcanzó los 1,2 millones de seguidores. Por otro lado, 25 páginas iban dirigidas a captar votantes de la derecha, y contaban con 1,4 millones de seguidores. En cambio, solo siete páginas se centraron en ideologías de izquierda, y tuvieron 690 mil seguidores.

Ahora, después de los escándalos provocados y las nuevas medidas protectoras de Twitter y Facebook para tratar de contrarrestar la avalancha rusa, la nueva estrategia del Kremlin estará enfocada a potenciar los mensajes radicales de uno y otro bando, escondiéndose en el anonimato pero aprovechando las cuentas existentes. Todo ello con el fin de radicalizar a los sectores más propensos a los mensajes de odio y fanatismo, y de esa manera provocar la división, el abstencionismo y, en última instancia, el triunfo del candidato que promueva estas consignas. En este caso, el actual inquilino de la Casa Blanca.

 

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