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Gold

Se apaga una estrella

El 17 de agosto de 1995, con 40 minutos de diferencia, nacieron las gemelas Gold. Primero apareció Gracie, una bebé con dos líneas enormes en las aperturas de los ojos, y al cabo de un tiempo de espera que se hizo eterno surgió Carly, igualmente hermosa, sana y entera. Lo malo fue que ese retraso les valió a los padres para señalar siempre que Gracie tenía las cualidades suficientes como para liderar cualquier carrera.

Y aunque no es lo mismo salir del útero materno como la primera y brillar mundialmente en el patinaje sobre hielo, Gracie se propuso hacerlo. En su infancia empezó a tomar clases de patinaje en una escuela cercana a su casa; lo hacía tan bien que su padre dedicaba la mayor parte de sus ingresos para sufragar su carrera deportiva. La familia empezó a depender de sus logros. Se mudaba de acuerdo a las escuelas y la cercanía de las competencias nacionales.

Durante su adolescencia, un entrenador la puso en un conflicto existencial: le dijo que los números de la báscula eran muchos. Por otro lado, los vecinos, amigos y familiares no dejaban de alabar su personalidad y belleza. Entonces Gracie abrazó con disciplina espartana la dieta de alimentarse solo con un tomate al día y varias tazas de café. Entretanto, fue puliendo la velocidad en la pista y la vistosidad de sus giros de patinaje. Así, rápidamente escaló la montaña de las competencias. En 2014 ganó la nacional y en Rusia ayudó a su equipo a obtener la medalla de bronce. Era la promesa viva de convertirse en la mejor del mundo.

En esa época su fama llegó a las nubes. Apareció en las revistas de belleza, se retrató con Taylor Swift en una competencia de sonrisas. Sus admiradores tuvieron la peregrina idea de apodarla “la Grace Kelly” del patinaje sobre hielo, y ella tuvo la mala idea de creérselo. ¿Por qué no? Tenía los mismos ojos de felino, los movimientos majestuosos, el destello de fuego en los labios, una personalidad que hechizaba con sus giros. La medalla de oro la esperaba como el corolario natural de su gracia.

Pero en el camino hacia los Juegos Olímpicos se atravesó el Campeonato Mundial de Patinaje Artístico sobre Hielo celebrado en Boston, en 2016. Y ahí, como era de esperarse, Gracie Gold quedó en primer lugar después de su programa corto, pero… se tambaleó al iniciar su rutina libre, y terminó en la cuarta posición.

En esa fracción de segundo, su vida se derrumbó. Según su propia madre, a su desilusión individual se sumaron “el dolor de su familia, de su agente, de sus vecinos, de todo el país. Gracie tuvo la sensación de haber decepcionado a todos.”

Y en ese caldo de cultivo llegó la depresión. Pero no una depresión cualquiera. Gracie se apartó completamente del ingrato mundo. Rentó un cuarto oscuro en la oscura ciudad de Detroit, cubrió los espejos para no ver su deteriorada imagen, dejó de encender las luces, se dio a la tarea de dormir de un solo jalón 24 horas seguidas. Pensó varias veces en quitarse la vida. Hasta que su familia la rescató de nuevo.

Ahora está en recuperación. Pero le cuesta mucho, muchísimo trabajo, volver a pisar el hielo.

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