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Simpatía por México

En Estados Unidos el 30 por ciento de la población -según las últimas encuestas- está a favor de la construcción de un muro en la frontera con México. Son aproximadamente 100 millones de personas -en números gruesos, que no descuentan a los niños- que representan el soporte social de las políticas de Donald Trump.

Por eso llama la atención que la película Coco, una cinta de personajes animados de la empresa Pixar, esté teñida con elementos característicos de la cultura mexicana y muestre una enorme simpatía hacia el contexto. La película se inica con una serie de créditos que parece interminable en figuras de papel picado colorido que se utiliza en el Día de Muertos, y desde el principio sabemos que el tema está anclado en nuestro país. Todo gira en torno a las ofrendas que se ponen en casas, calles y panteones a principios de noviembre, y a lo largo de la trama aparecen familias que funcionan como clanes, el culto a los antepasados, la importancia de la fiesta, madres y abuelas que dominan el paisaje familiar, una música interminable, los vibrantes colores de los mercados, el pollo con mole, un xoloescuincle como personaje central, varios alebrijes, las flores dispuestas en los panteones, el recuerdo de Pedro Infante, las calles empedradas de los pueblos, los muertos que nos acompañan por la vida, las figuras teotihuacánicas de Quetzalcóatl, la plaza de toros, las calaveras catrinas, el interior del Palacio de Correos, las iglesias coloniales, las escaleras del Palacio de Minería y la fuerza colosal de los recuerdos. Hay hasta un giño a la cerrazón de la burocracia.

En Coco no hay borracheras con desenlaces trágicos. No hay narcotráfico. Ni violencia. Ni corrupción.

El grupo de directores, productores, editores, diseñadores y caricaturistas organizó varios viajes de investigación a los estados de Oaxaca y Guanajuato para nutrirse de la vida social, la cultura y las tradiciones de las ciudades y pueblos de México, y el resultado ha sido muy bien acogido por la crítica y la taquilla. La principal página web de crítica cinematogrífica -Rotten Tomatoes- le dio a la cinta un 96% de aprobación. Y en México, primer país donde se estrenó, rompió todos los récords de taquilla. En tres semanas recaudó 792 millones de pesos, y hacia el 15 de noviembre se convirtió en la película más taquillera de todos los tiempos.

¿Y el odio de Estados Unidos hacia México? El director de la cinta, Lee Unkrich -que no tiene una gota de sangre mexicana- dijo: “Ha sido muy doloroso para mí y para mucha gente esa carga negativa que se ha arrojado sobre México. Haciendo esta película nos sentimos honrados y agradecidos de mostrar algo posiivo y esperanzador, una partícula que disuelva y erosione las barrerras que hemos puesto entre nosotros.”

La Casa Blanca hace mutis.

 

they embedded while visiting the Mexican states of Oaxaca and Guanajuato between 2011 and 2013. The consultants, including Mr. Solis, the cartoonist Lalo Alcaraz, the media strategist Marcela Davison Avilés and a wider network of 30 to 40 volunteer advisers, played referee.

“We found whenever we were made aware of these nuances and addressed them, it helped in terms of representation, but it also just helped in terms of storytelling,” said Adrian Molina, who was promoted from screenwriter to co-director of “Coco” in 2015 and is Mexican-American.

“It’s been painful for me and a lot of people that there’s been so much negativity in the world, specifically and unfairly having to do with Mexico,” Mr. Unkrich said, declining to refer to Mr. Trump by name. “We’re just honored and grateful that we can bring something positive and hopeful into the world that can maybe do its own small part to dissolve and erode some of the barriers that there are between us.”

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