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Hombre y su hija

Sin palabras

La fotografía lo dice todo. O más bien, lleva al silencio. Un hombre con su pequeña, amarrados por la camiseta del padre, murieron ahogados en las rápidas corrientes del Río Bravo.

La imagen, para desgracia del mundo, no es nueva. Es la versión americana del niño sirio de tres años que fue hallado en las playas de Turquía después de que la pequeña embarcación que lo transportaba hacia las islas de Grecia se hundió donde termina el Mar Mediterráneo.

Las dos fotografías retratan el drama y los peligros de la migración. Las dos arrojan ante la conciencia de la humanidad a un par de pequeños que, impulsados por el temor y el deseo de superación de sus padres, murieron ahogados.

¿Quién tiene la culpa de esto? Nadie. Las culpables son entidades conceptuales: la violencia de Centroamérica, la falta de empleos, la desigualdad social, la pobreza extrema de la región, la política hermética de Donald Trump, la indiferencia de los gobiernos de Honduras y El Salvador, la incapacidad del gobierno mexicano de proteger a los migrantes, el éxodo ingobernable hacia la tierra prometida.

¿Tuvo la culpa el padre de la niña? Pues tampoco, porque a pesar de que no huía de una situación de violencia cotidiana -como la que se vive en San Pedro Sula, en el vecino país de Honduras-, simplemente se dio cuenta de que con su sueldo de 350 dólares mensuales en el Papa John´s de El Salvador -donde trabajaba- no podría darle a su familia lo que quería. Tal vez en cualquier Papa John´s de Texas, con los sueldos de Estados Unidos, sí hubiera podido.

¿Alguien puede remediar esta situación? Parece que no. Joaquín Castro, representante demócrata de Texas y presidente del caucus latino, se mostró conmovido por la fotografía, y anunció una ayuda humanitaria por 4,500 millones de dólares para abordar la difícil situación de los migrantes en la frontera. Mientras tanto, se difundieron noticias sobre dos bebés, un niño y una mujer que fueron encontrados muertos por el calor en el Valle del Río Grande. Y un niño pequeño que llegó desde la India y que falleció en el desierto de Arizona.

Si. La fotografía deja sin palabras.

 

 

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