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Domésticas

Trabajadoras domésticas

Lo que logró la película Roma de Alfonso Cuarón, más allá de llevarse los premios más importantes de Estados Unidos y Europa -como el Bafta a la mejor película- fue colocar en el centro de las discusiones laborales los derechos y remuneraciones de las trabajadoras domésticas.

En Guadalajara existe una asociación desde hace dos años que se dedica a trabajar con las mujeres de asentamientos irregulares y barrios pobres -que son los núcleos de donde salen las trabajadoras domésticas-, y las apoyan con alfabetización, clases de cocina, cuidado de los niños, conocimiento de los derechos laborales.

Una de sus integrantes escribió un artículo sobre lo que dicen las patronas sobre las trabajadoras del hogar. Dice así:

Profesionales de la Limpieza es una plataforma que tenemos en Parvada para que trabajadoras del hogar accedan a empleos bien remunerados en Jalisco. Los montos que se les pagan van desde 365 pesos hasta 668 pesos al día, dependiendo de la cantidad de horas que trabajen, y fueron determinados por ellas mismas luego de recibir capacitación sobre sus derechos, protocolos de seguridad, habilidades de negociación y cálculo de salarios.

Por ahora, nosotras gestionamos la plataforma pero próximamente iniciarán las capacitaciones para que sean las trabajadoras del hogar quienes lo hagan.

Cada semana recibimos llamadas de personas interesadas en contratar a una trabajadora. Éstos son algunos de los comentarios que hemos escuchado de las empleadoras:

“Está muy caro. Yo pago $1200 a la semana”

Muchas empleadoras están acostumbradas a fijar el monto que le ofrecerán a la trabajadora. El problema es que esos montos suelen fijarse de forma arbitraria. Lo más común es basarse en lo que pagan las demás empleadoras, pero ¿cómo supieron ellas cuánto pagar? Incluso cuando la trabajadora fija su tarifa, ésta tiene que adecuarse a los estándares del mercado porque si es más elevada corre el riesgo de que no la contraten, dado que hay muchas opciones más económicas. Esto significa que tiene todos los incentivos para cobrar menos de lo que debería.

“¿Tienen muchachas de planta?”

Para quienes trabajan en esta modalidad que consiste en quedarse a dormir en la casa en la que trabajan, la ley permite tener jornadas de 12 horas. Es decir, 4 horas más que en otro tipo de trabajo. Esto significa que esas 4 horas adicionales no se pagan extra. En Parvada creemos que si alguien siente que necesita a una trabajadora viviendo en su casa es porque no todos están haciendo su parte de las tareas de cuidados. Y ese alguien probablemente sea un hombre. El trabajo de planta no debería existir, pero al dejarle a las mujeres todas las tareas del hogar y de cuidados y además esperar que traigan un ingreso a la casa, se incentivan estas prácticas.

Por otro lado, el llamar “muchachas” a las trabajadoras del hogar las infantiliza. Lo adecuado es nombrarlas como lo que son: trabajadoras del hogar.

“¿Ese precio es sólo por limpieza?”

Hay empleadoras que consideran que debe haber una tarifa única sin importar las tareas que se realicen, cuando en el mercado se paga de forma diferenciada la cocina, el lavado, el planchado y el cuidado de personas.

“Me gustaría que viniera una vez a la semana, 6 horas, no, mejor 8”.

Cuando recibimos esta petición, le explicamos a la empleadora que el monto del pago cambiaría significativamente entre una opción y otra porque una jornada de 8 horas implicaría que la trabajadora no podría tener otra fuente de ingreso. A la empleadora le pareció justo y así fue como colocamos a una trabajadora por 668 pesos, por una jornada de 8 horas. Dado el panorama laboral de este sector, este caso nos da un poco de esperanza.

“Muy señoras mías. Veo que no existen porque no contestan el teléfono”

Recibimos este mensaje de una mujer que llamó insistentemente en domingo y no obtuvo respuesta porque era día de descanso.

Una de las peticiones más frecuentes al contratar trabajadoras del hogar es que deben ser de confianza, pero tal como lo muestra este caso, a veces quien contrata no hace lo propio. ¿Qué confianza puede dar alguien que exige que se le conteste el teléfono para atender un asunto laboral en día de descanso?

“En la agencia que usaba antes pagaba 340 pesos”

¿Y? Son sólo 20 pesos de diferencia y acá todo el pago es para las trabajadoras. Resulta increíble que haya personas dispuestas a regatear esa cantidad.

“Yo le pagaba bien [a la trabajadora] pero la agencia le quitaba el 60 por ciento, entonces lo que ganan al final no es tanto. Me gustaría un esquema más justo”.

Éste es el modelo de empleadora al que aspiramos: una que sepa que las agencias de colocación incentivan la explotación laboral y que la remuneración por el trabajo debe ser justa.

“Estoy segura que lo dejé en este lugar”

Una empleadora le llamaba en horas no laborales a una trabajadora porque no encontraba alguna cosa. Varias veces. Y le enviaba fotos de cómo había dejado las cosas por la mañana y cómo las encontró al llegar a casa después de trabajar. La trabajadora sintió que, sin decirlo, la estaba acusando de robo y después de varias llamadas insistentes, renunció.

“Yo me pongo en contacto con ustedes después”

Esto es lo que más se repite. Aproximadamente una de cada 10 llamadas se traduce en trabajadoras efectivamente colocadas. En el marco del Día Internacional de la Trabajadora del Hogar (30 de marzo) hemos estado realizando un experimento que consiste en posar como una agencia de colocación que ofrece servicios de 8 horas con todas las actividades del hogar incluidas por $150. El teléfono no ha dejado de sonar porque hay muchas interesadas que, a pesar de vivir en colonias de clase alta, les parece adecuado pagar ese sueldo. La diferencia con Profesionales de la Limpieza es significativa y apunta a algo que todas sabemos pero que no se suele decir en voz alta: la explotación laboral se ve como algo normal.

Nos queda claro que hay mucho por hacer. El trabajo del hogar y de cuidados y su reparto es una de las manifestaciones más flagrantes de la desigualdad entre los sexos, pero también entre estratos socioeconómicos. Es decir, que no sólo hay una diferencia en las horas invertidas por hombres y mujeres, sino también entre las propias mujeres en función de su ingreso.

Además de las necesarias reformas legislativas y de política pública, que le corresponden al Estado, hace falta que la sociedad se sume. Hay dos formas concretas de hacerlo. La primera es repartiendo equitativamente el trabajo en el hogar, de tal forma que cada vez menos mujeres nos veamos en la necesidad de depender de alguien más que lo haga por nosotras. Y la segunda es garantizando un piso mínimo de derechos a la trabajadora que labora en nuestra casa: firmar contrato, pagar vacaciones y aguinaldo, brindar seguridad social y pagar un salario justo. Es dar lo que esperamos recibir en nuestro propio trabajo. Ni más ni menos.

(Texto de Ana Farías, tomado de Oxfam México)

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