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Vacación con cárcel

¿Ha pensado ir a Dubai a vacacionar? La propaganda oficial así lo aconseja. Dubai es el centro de las miradas de la riqueza. Su arquitectura es un cuento de hadas del modernismo. Sus edificios son colosales, sus centros comerciales parecen las cuevas conteporáneas de Alí Babá, sus jardines hacen palidecer a los de Alejandría, sus fuentes cobran vida de colores en las noches, sus restaurantes y discotecas deslumbran a los conocedores del ramo. En el colmo de la excentricidad de un mundo donde los precios de cualquier objeto llegan al cielo, hay un centro comercial donde se puede esquiar en la nieve, mientras afuera las temperaturas hacen hervir el cuerpo. El dinero lo puede todo. En Dubai la pobreza no existe. Tampoco la clase media. Es el imperio de la riqueza, la conversión del petróleo en oro, el paraíso terrestre del capitalismo.

En términos de opulencia, Dubai está muy por encima de Nueva York, Londres, Tokio, Singapur, Shanghai y Hong Kong. Tiene el hotel más caro del mundo, donde una noche cuesta más de 10 millones de pesos mexicanos. Su vestíbulo está forrado de oro. El gobierno ha construido un archipiélago de islas artificiales para el deleite de los bienes raíces más caros del mundo, y está en construcción un espacio urbano gigantesco con clima artificial en su interior. En Dubai, por lo demás, la violencia del terrorismo y los asaltos cotidianos no existen. El control policíaco es absoluto. Y las patrullas, por supuesto, son automóviles Lamborghini. Todo un sueño.

O una pesadilla, dependiendo del punto de vista.

Hay algunos detalles que los turistas han pasado por alto, debido básicamente a la ignorancia sobre el contexto cultural del destino de sus viajes. Resulta que Dubai es uno de los Emiratos Árabes regido por un gobierno religioso de la secta chiita, donde muchos comportamientos que resultan habituales en cualquier país occidental, allá son delitos.

Eso lo aprendió Emlyn Culverwell, un turista sudafricano que llevó a su novia para impresionarla en el lugar más caro del mundo, y que cuando ella se quejó de un ligero dolor de estómago y fue llevada al médico, resultó que estaba embarazada. ¿Motivo de júbilo? No. Motivo de cárcel. En Dubai está prohibido cohabitar con personas del sexo opuesto si no existe matrimonio de por medio. Y como la pareja no tiene ningún certificado de estar oficialmente casados, ambos fueron a parar a la cárcel.

Otro caso. Jamie Harron, un escocés que decidió tomarse un whiskey en un bar, pasó por un pasillo donde había una multitud arremolinada impidiendo el paso, y para evitar derramar su bebido se apoyó en el muslo de uno de los comensales. Pues eso le costó tres meses de cárcel, porque en Dubai no se puede tocar a los extraños aunque sea para evitar caerse. Y como los policías están a menudo disfrazados de civiles, Harron terminó sus vacaciones en prisión.

Un caso más. Jamil Ahmed Mukadam -un inglés de origen árabe- rentó un automóvil que, sin ser de lujo, era fácilmente rastreado por las autoridades. En un embotellamiento de tráfico, otro automóvil se le acercó demasiado para obligarlo a cambiar de carril y, a la usanza italiana, Mukadam le mostró el dedo más largo de la mano en señal de desaprobación. Pues a la cárcel, también, porque ese tipo de señas están fuertemente penadas.

No todos lo saben, y los manuales para turistas no lo dicen. Pero en Dubai solo se puede beber alcohol con una licencia especial para turistas, y en determinados lugares. Si alguien bebe en la calle o fuera de los bares permitidos, irá a prisión. Tampoco se pueden tuitear mensajes que pueden interpretarse contra el gobierno, o recaudar fondos para asociaciones civiles de ayuda a los discapacitados o damnificados por catástrofes naturales.

El colmo: no se puede andar de la mano por las calles, como los hacen los enamorados.

De manera que si quiere unas vacaciones en Dubai, vaya de preferencia solo, mejor no beba, no haga señas desagradables, no responda a las insinuaciones de las prostitutas -que las hay, por supuesto- y evite tocar a cualquiera, aunque sea accidentalmente.

Mejor no vaya.

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