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Peyote en peligro

Desperdigados en caseríos por la accidentada Sierra Madre Occidental, los huicholes son un grupo indígena con una población aproximada de 45.000 habitantes. Son conocidos nacional e internacionalmente por sus largos viajes, su arte colorido y su consumo del peyote, una planta que les da energía para recorrer largas distancias. En su cultura el peyote es mucho más que un cactus alucinógeno. Para los huicholes, la planta es una forma de conectarse con sus ancestros, comprender el cosmos y regenerar el espíritu.

Cada año, las comunidades huicholes hacen un peregrinaje de varios cientos de kilómetros desde Nayarit hasta la ciudad de Matehuala, en San Luis Potosí, en el noreste del país. Los grupos viajan —ahora en autos, camiones y autobuses— bajo la dirección de un chamán, y al llegar a desierto de su destino realizan sus rituales y recolectan el peyote. El desierto wirikuta, en las afueras de Real de Catorce, está poblado de matorrales densos y espinosos. Para encontrar el peyote, los peregrinos deben buscar entre los arbustos.

Según la ley mexicana, solo los grupos indígenas tienen permitido cultivar y consumir peyote. Pero en parte debido a su creciente popularidad como droga recreativa, la planta es cada vez más difícil de encontrar. Si su territorio sagrado está bajo amenaza —por el turismo de drogas, la minería y la usurpación agrícola— también está en peligro el peyote, un aspecto fundamental de la identidad huichol.

Sin embargo, los huicholes persisten por su arte. Sus prendas, sus artesanías, sus dibujos coloridos y sus figuras abigarradas han cruzado las fronteras y han viajado por todo el mundo.

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