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Democracia en redes

¿Cree usted que Rusia influyó a través de Internet en las pasadas elecciones de Estados Unidos? El problema es que no fue el único país capaz de entrometerse en la democracia de otro. El año pasado y el que está a punto de terminar fueron testigos de 17 diferentes procesos electorales donde los actores políticos intervinieron en las redes sociales para tratar de influir en el electorado a través de verdades y calumnias, noticias falsas, datos duros, chismes y filtraciones.

La política en redes sociales se extendió por todos los continentes. Twitter, Facebook, Youtube y Google se convirtieron en arenas para el intercambio de mentiras entre los contendientes políticos. Y una vez en el poder, los partidos extendieron sus estrategias. Desde Filipinas hasta Ecuador, y de Turquía hasta Kenia, los partidos en el gobierno les pagaron a comentaristas, inflaron los llamados troles, organizaron sitios de noticias falsas y lanzaron todo tipo de propaganda en redes para  promocionar sus logros y tratar de ganar el apoyo popular

En Filipinas, donde la política se mide en términos militares, un grupo llamado el “ejército del teclado” fue entrenado para atacar a los detractores de Rodrigo Duterte durante las elecciones presidenciales de mayo de 2016. Su salario era de 10 dólares diarios, algo muy elevado en una nación de salarios deprimidos. Y posteriormente, cuando Duterte llegó al poder, este ejército siguió activo para promover la idea de un apoyo popular masivo a sus políticas draconianas contra el tráfico de drogas.

En Kenia, en la elecciones de 2017, los actores políticos pagaron a diferentes equipos de blogueros para difundir mensajes de odio en las redes sociales contra los miembros del bando opuesto. En Turquía el gobierno se apoya en los mensajes diarios de unos cuantos caracteres. Y en Irán existen grupos que simulan ser medios reconocidos en todo el mundo -como la BBC de Londres- para difundir mensajes contra la cultura occidental.

Para todo esto existen vacunas, por supuesto. En Estados Unidos se discute en el Capitolio la posibilidad de volver transparente la propaganda política de las redes sociales, tal y como existe en los medios tradicionales, como la prensa escrita, el radio y la televisión. Y en Alemania, las empresas de redes sociales tienen la obligación de quitar de manera inmediata los mensajes de odio, o son multadas hasta con 50 millones de euros. Pero esas medidas son solo el comienzo de una batalla que se vislumbra ardua, difícil y cuesta arriba.

 

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