La decisión que da en el blanco

A unos días de la masacre que segó la vida de 50 fieles en una mezquina de Christchurch, la primer ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, anunció la prohibición de la venta de armas militares semiautomáticas y los cargadores que las alimentan en todo el país. Los ciudadanos que se encuentran en posesión de dichas armas podrán atenerse a una amnistía y devolverlas a cambio de un pago que, en conjunto, le costará a Nueva Zelanda 140 millones de dólares.

Ahora se supo que el hombre que atacó arteramente las dos mezquitas compró legalmente su armamento, gracias a una licencia convencional y a la posibilidad de adquirir cargadores de alta capacidad balística a través de Internet. Cada ráfaga permite lanzar 30 disparos a mansalva, y tener un radio de ataque de 360 grados alrededor del atacante.

Todo ese tipo de armas ahora están prohibidas en Nueva Zelanda. Quedan en el mercado las pistolas calibre 22 y los rifles utilizados por los granjeros y cazadores.

Afortunadamente, en Nueva Zelanda no existe ninguna Asociación del Rifle como la que existe en Estados Unidos. Allá los fabricantes de armas actúan racionalmente, y no únicamente con el fin de perseguir la ganancia a costa de la muerte ajena. Uno de los vendedores más famosos de armas en el país, Hunting & Fishing New Zeland, suscribió las medidas del gobierno para prohibir ese tipo de armas. El Director Ejecutivo de la empresa, Darren Jacobs hizo una declaración ejemplar: “Mientras reconocemos que hemos vendido armas semiautomáticas a un reducido número de clientes en el pasado, los últimos acontecimientos nos han hecho reconsiderar que ese tipo de armas no deben tener un sitio en nuestro negocio, ni en nuestro país.”

Nueva Zelanda sigue así el ejemplo del Reino Unido, que prohibió todas las armas en 1997 -después de un período de homicidios a la alza-, bajo el gobierno de Tony Blair.

 

Rifles para jóvenes

Para muchos sectores de la población de Estados Unidos, el libre mercado de armas no es un problema. Es más, es un derecho. El derecho de defenderse. O bien, un deporte. Un entretenimiento. Un sano entretenimiento, como a veces se dice.

La Escuela Comunitaria Crosslake, en Minnesota, por ejemplo, organiza a principios de cada primavera un campeonato de tiro para todos sus alumnos de secundaria, y el evento se ha extendido a otros estados. En la actualidad, más de 8 mil estudiantes de 300 escuelas se reúnen en un claro de bosque en el estado para practicar tiro a las palomas. Y no es la única escuela que promueve el tiro. Otra secundaria -llamada la High School Clay-, organizó su propio torneo, y ha sido todo un éxito. En 2015 congregó a 9,245 estudiantes de 317 escuelas de tres estados, y en 2018 la participación se elevó hasta los 21,917 estudiantes de 804 equipos en 20 estados.

Esos campeonatos se han convertido en kermeses de colores, con asistencia de equipos definidos por sus uniformes, puestos de dulces y palomitas, podios para los vencedores, tazas y artículos promocionales de la Asociación Nacional del Rifle, venta de gafas protectoras, orejeras, chalecos holgados con bolsas para los cartuchos y, por supuesto, gorras con el lema de Donald Trump.

La propaganda no se oculta. Barry Thompson, un técnico de equipos médicos con una membresía de la Asociación del Rifle de por vida, se dedica a entrenar a los jóvenes y les dice francamente a sus padres: “hay un motivo adicional en todo esto: estos adolescentes muy pronto van a votar”.

Pero también está la otra cara de la moneda. Hay un dato que generalmente se ignora o se oculta en el ámbito del deporte de tiro: Nikolas Cruz, el joven acusado de matar a 17 estudiantes, maestros y miembros del personal de limpieza de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, era un miembro entusiasta del equipo de tiro de su escuela. Tal vez, una oveja descarriada.

O tal vez un botón de muestra.

Armas en Estados Unidos

Al revisar las estadísticas sobre armamentos en Estados Unidos, parece que se trata de una nación en guerra. Y tal vez lo está, pero de manera soterrada. La violencia sale a la luz una y otra vez, en cada ocasión que algún desquiciado se apresta para disparar contra los niños de alguna escuela, los espectadores de un cine, los asistentes a cualquier concierto. En el país habitan 325 millones de personas. Entre ellos se han repartido más de 265 millones de armas. Hay 35,000 homicidios cada año.

El tema se debate periódicamente, sobre todo después de nuevas masacres en lugares inesperados. Ahora la revista Time solicitó la ayuda del fotógrafo francés Jean René -mejor conocido por sus siglas JR-, un artista que inició su carrera dibujando grafitis en las calles de París, y que se hizo célebre por colocar en los muros de diferentes ciudades del Medio Oriente fotografías de rostros de judíos y palestinos mirándose mutuamente. Y ahora, para abarrotar la portada de la revista, JR grabó y tomó fotografías de 245 personas, que nos hablan de sus experiencias con tan solo un click en sus retratos. Se trata de decenas de cazadores, activistas, maestros, policías, niños y padres de familia que viven en tres de las ciudades más afectadas por las armas y la violencia; Washington, San Louis Missouri y Dallas.

¿Puede el arte cambiar la realidad?, nos pregunta JR.

Si, -responde Ava DuVernay, directora y guionista de cine, la primera mujer negra que ganó el premio de Sundance a la mejor dirección- siempre y cuando, a sabiendas de que este mundo es un lodazal de pobreza, injusticia, maldad y cobardía, seamos capaces de mirar el otro lado de la historia, abrazar con amor a los otros y levantar la cabeza llena de fe.

 

 

Pluma 22

El mercado de armas en México se ha sofisticado y popularizado rápidamente con la introducción de la llamada pluma 22, una pluma ligera que parece un simple bolígrafo para escribir, pero que en realidad es una pistola. Es un arma sencilla. Consta de dos partes. El cargador con la recámara se encuentran en el dispositivo con el que una pluma saca o mete la punta para escribir, y el cañón es el pequeño canal de la pluma. En lugar de tinta, la pluma lleva una bala calibre 22. Y en lugar de escribir, mata.

Las redes sociales se han indigestado con información y videos sobre su uso. En Youtube hay videos promocionales y didácticos publicados por jóvenes que explican a sus congéneres cómo funciona la pluma. Todo con mucho detalle. Se podían comprar por 850 pesos a través de Facebook, y ahora se encuentran también en E-Bay y Mercado Libre con nombres ocultos. En Iztapalapa muchos jóvenes las venden junto con la droga, y el negocio es redondo.

¿Quién no quiere defenderse de los asaltos a diario con una sencilla pluma?

Esta herramienta, que parece diseñada por Donald Trump para armar a los estudiantes en las escuelas, representa una pesadilla adicional para las autoridades.

El remedio no es sencillo, pero pasa por el fortalecimiento, capacitación, justa remuneración y crecimiento de la policía.

(Información tomada del video: https://www.youtube.com/watch?v=Et1Ufi3hOgI)

El otro libre comercio

Un capítulo que se encuentra fuera de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, por motivos obvios, es el libre comercio de armas de Estados Unidos hacia México. Ahí no hay reglas, ni datos estadísticos gubernamentales, ni beneficios económicos para ningún país. Lo que hay son cifras escandalosas y horripilantes. Es un escándalo que cada año lleguen a México 213,000 armas de fuego que sirvan para armar a las bandas de narcotraficantes, abrir espacio para las llamadas ejecuciones de los rivales, que se utilicen para aumentar los robos a mano armada y tengan al país con cifras de mortandad que corresponden a una nación en guerra. Resulta tétrico que México tenga un número de 20.5 homicidios por cada 100 mil habitantes, y que el año pasado el país haya registrado más de 29 mil homicidios, una cifra que lo ubica por debajo de los homicidios en Siria, pero por encima de los de Irak y Afganistán. México tiene el nada honroso segundo lugar en muertes por ataques a mano armada en el mundo.

El libre comercio de armas no está regulado, y se sabe poco de sus mecanismos de operación. En una entrevista lograda por The New York Times con un recluso de las cárceles mexicanas, un joven incauto de 23 años de edad, éste dice que traficaba cientos de armas anualmente de Estados Unidos a México, y que con esa actividad obtenía ganancias que no podía tener en ningún otro trabajo. Cada fin de semana asistía a las ferias que las tiendas de armas llevan a cabo alrededor de la ciudad de Dallas, y se ufanaba de que en ellas podía evadir los requisitos para comprar armas, como el historial criminal de los clientes o los documentos de ciudadanía. Después de recolectar un buen número de rifles semiautomáticos AR-15, que son los más solicitados por los grupos de narcotraficantes, los escondía en las estufas y refrigeradores que cargaba en su camioneta para cruzar la frontera, y finalmente los vendía en los pueblos cercanos a la línea divisoria. El negocio era muy bueno: compraba los rifles por un precio aproximado de $500 dólares ($10,000 pesos mexicanos) y los vendía a los compradores cinco veces más caro. En cada viaje podía embolsarse casi medio millón de pesos. En un par de años, con sus ganancias, pudo comprar una casa. un par de nuevas camionetas y un cúmulo de bicicletas eléctricas, para él y para sus amigos.

Y de la noche a la mañana todo terminó. El sueño de este joven se vino abajo porque tuvo una rencilla con un primo que lo denunció a la policía. Actualmente, el joven recluso cumple una pena de nueve años de prisión.

Es claro que México debe reforzar la frontera para impedir o por lo menos reducir el abierto tráfico de armas que se utiliza para segar vidas de mexicanos. Pero en este tema la principal responsabilidad recae en el lado de Estados Unidos. No es posible que la Casa Blanca quiera levantar un muro para impedir el paso de los mexicanos a su país, mientras se queda de brazos cruzados ante el paso de armas que terminan incrementando las muertes de sus vecinos y colocan a México en un estado de guerra.

 

Más armas, por favor

Estados Unidos no puede dejar de vender armas. Sus fabricantes no solo venden armas a los locos que brotan esporádicamente en las escuelas y asesinan a mansalva a decenas de estudiantes, sino también a otro tipo de clientela: narcotraficantes mexicanos, terroristas de diferente signo y, sobre todo, decenas de gobiernos, ejércitos y policías de diferentes países.

Eso explica, en parte, la fuerza de la Asociación Nacional del Rifle, así como la imposibilidad de cerrar las puertas de las empresas fabricantes de armamento. En primer lugar, se encuentran las compañías que producen armamento pesado para los ejércitos de los gobiernos. La firma Lokheed Martin de Estados Unidos, por ejemplo, tuvo ventas por más de 47 mil millones de dólares en 2016, y se dedica a vender equipos de aeronáutica, misiles, helicópteros, sistemas de radares y tecnología espacial. Junto a ellas están sus parientes pobres, las firmas que venden armas de fuego para los ciudadanos de todo el mundo, pero especialmente los norteamericanos. Se calcula que en el mundo existe un arsenal de  más de 870 millones de armas de fuego, la mitad de las cuales se encuentra en manos de civiles y el resto está puesto a disposición de los cuerpos policiales y de seguridad. Eso implica que existe una arma por cada ocho personas. Y en este horizonte de balas hay armas que resultan favoritas. Desde su invención a mediados del siglo pasado, se han producido más de 70 millones de rifles AK-47, el arma ligera por excelencia, que ha sido utilizada por varios sicópatas para llevar a cabo sus matanzas.

Las cifras sobre la posesión de armas y su monopolio son apabullantes. En Estados Unidos vive el 4.4% de la población de mundo (330 millones de almas), pero ellos son dueños de la tercera parte de las armas cortas (pistolas y rifles) del planeta. Poseen 275 millones de armas de un total de 875 millones. Es, efectivamente, un imperio armado.

¿Es eso una amenaza para la población civil de la Unión Americana? Si. Sin duda. Pero es la garantía de que la industria armamentista del mundo seguirá surtiendo de armamentos pesados y ligeros al Pentágono y los ejércitos del orbe, las policías, los narcotraficantes, los terroristas y los sicópatas incubados en las familias inestables, que se surten de arsenales en Walmart, mientras esperan la oportunidad de apretar el gatillo en un concierto multitudinario o al interior de una escuela.

 

 

Armas en el árbol de Navidad

En Estados Unidos el tema de la libre posesión de armas no se agota. Es un derecho irrenunciable, dice la Constitución. Es la única forma de defenderse en una sociedad sin límites, dicen las asociaciones de vecinos. Es mi verdadera protección, dicen los individuos. Es un tema de discusión estéril, dicen en el Capitolio.  Es una fuente de ingresos segura, dicen Walmart y la Asociación del Rifle.

En lugar de que las evidencias de matanzas indiscriminadas reduzcan el deseo de vender y adquirir armas, el efecto ha sido exactamente el contrario. Los ciudadanos piensan que el remedio contra el terrorismo y la locura es armarse todavía más. Eso explica la euforia de las ventas de armamentos el pasado Black Friday, donde las cifras alcanzaron nuevos récords. Ese día el FBI recibió 203,086 solicitudes de antecedentes penales de los compradores por parte de las tiendas, lo cual superó la cantidad del año pasado, que fue de 185,713 solicitudes. Y eso no habla de la cantidad de armas vendidas, ya que detrás de cada solicitud un cliente puede comprar desde una sola pistola hasta un arsenal entero. ¿Y las ventas? Shhh. Eso debe permanecer en la penumbra, para proteger a los compradores y a los vendedores.

Ante el espectáculo de una sociedad que sufre matanzas periódicas y cada día pone un grano de arena para renovarlas, la policía de New Heaven, en el estado de Connecticut, ha elaborado un plan para tratar de reducir el número de armas que se encuentran en las calles y en las casas. Apoyándose en una iniciativa de una organización llamada Newton Foundation, creada a raíz de la masacre de 20 pequeños de un jardín de niños, ha llamado a la población a entregar sus armas a cambio de dinero.  Todo se realizará en el más absoluto de los anonimatos. El que así lo desee, podrá dejar sus armas en la estación de policía, recibirá su dinero y asunto arreglado.

Cada ciudadano que ingrese en el programa recibirá 25 dólares por una pequeña pistola Derringer calibre 22 o 38; 50 dólares por cada rifle; 100 dólares por los revólveres, y hasta 200 dólares por los rifles de asalto, que son los más cotizados. El dinero recolectado se utilizará para comprar herramientas de labranza que servirán para que los niños en las escuelas aprendan a cultivar varios productos.

El plan lleva ya varios años, y se renueva en épocas navideñas.

Pero la corriente opuesta también tiene su fuerza. Para nadie es una sorpresa que muchos árboles navideños amanecerán con todo tipo da armas a sus pies, como regalos.

 

Una puerta se abre

Son tantos y tan seguidos los tiroteos y matanzas en Estados Unidos, que parece que es un país en guerra. La última masacre, llevada a cabo en un bar de Orlando en Florida, parece ser la gota que va a derramar el vaso. O la cubeta, mejor dicho, porque la sangre derramada lleva ya muchos años sin detenerse.

Por fin, los legisladores reunidos en El Capitolio empiezan a reaccionar ante el asunto. Durante los largos y accidentados años de la administración del presidente Obama, el Congreso se ha negado rotundamente a modificar la legislación que permite vender armas a la población indiscriminadamente. Pero hoy apareció una señal en otra dirección. El senador Chris Murphy de Connecticut, un Demócrata cansado del inmovilismo legislativo que permite la venta de armas a cualquiera, encabezó la salida de la Cámara de Diputados cuando el líder de los republicanos pidió un minuto de silencio por las víctimas de Orlando, y una protesta masiva en los medios recorrió Washington. La diputada demócrata Katherine M. Clark de Massachusetts apareció en los diarios con un cartel que decía: #Nomásminutosdesilencio. Los demócratas empezaron a romper los minutos de silencio en honor de las víctimas, y los medios no lo tomaron como una falta de respeto.

Parece mentira, pero los republicanos empiezan a ceder. Hoy aceptaron restringir la venta de armas a las personas que, de acuerdo al FBI, pueden tener vínculos con el terrorismo. Ese fue el caso de Omar Mateen, el autor de la masacre en Orlando. Otra medida es investigar, a través de Internet, si el posible comprador tiene o no antecedentes penales o de consumo de drogas.

Son medidas tímidas si se comparan al tamaño del problema, pero pueden ser los indicios de un viraje en la política de seguridad del país más poderoso del mundo. Porque la seguridad no consiste en estar armado. En Connecticut, estado del senador Murphy, hay 52 mil rifles de asalto que están diseminados en poder de la población. Con uno de esos rifles, en diciembre de 2012, un sicópata asesinó a 20 pequeños en un jardín de niños.

Masacre y elecciones

Ahora tocó a Orlando, un sitio ligado a los parques de diversiones de Disney. Un hombre ingresó a un bar armado con un rifle de asalto y una pistola, y empezó a disparar contra la concurrencia. Hasta ahora hay 50 muertos y 53 heridos, lo cual sitúa al evento como la peor matanza que haya habido en Estados Unidos hasta la fecha.

Y eso que ha habido muchas. Sean terroristas, sicópatas o enfermos mentales de diversa índole, hay un contingente muy nutrido de atacantes que disparan contra la multitud en escuelas, cines, bares, jardines de niños y maratones. Cuando se inicia el asalto artero, nadie se salva. Hoy, en Estados Unidos, nadie está a salvo.

En esta ocasión el atacante se llamaba Omar Mateen, un hombre de 29 años que supuestamente está vinculado al Estado Islámico. El sujeto ingresó a un bar de gays llamado Pulse, asesinó a mansalva a la clientela que estaba a su alrededor, y tuvo el tiempo suficiente para tomar rehenes antes de que la policía lo liquidara.

El presidente Obama, como siempre en estos casos, ha expresado sus condolencias. Pero la espiral de violencia no se detiene. Apenas el país salía del dolor de la masacre de San Bernardino cuando se enteró de que en la Universidad de California en Los Ángeles se había teñido de sangre por los arrebatos postreros de un suicida. Y ahora, como si fuera una secuencia macabra del terror en cualquier sitio, tiene lugar una nueva carnicería.

Las autoridades están buscando los nexos del culpable con el Estado Islámico. Sin embargo, la solución del problema no está fuera del país. El inicio de la solución está lo que haga la nación con la venta de armas al por mayor. Sabemos que cualquiera que vaya a un Walmart puede salir armado hasta los dientes. Puede ser un cliente atemorizado por los sucesos recientes, un sicópata con la violencia encapsulada, un narcotraficante mexicano o un seguidor del Estado Islámico. A estas alturas poco importa. Lo que importa es si el país seguirá vendiendo armas con el pretexto de amparar la legítima defensa de los individuos, o si pondrá fin a una política que atenta directamente contra la seguridad de todos los ciudadanos.

El derramamiento de sangre puede incrementarse o detenerse, y será parte del debate electoral que tenemos en puerta. Por lo pronto, Donald Trump ya se declaró satisfecho porque los hechos, dice, le dan la razón. Vaya satisfacción.

 

Walmart ya no vende rifles (solo pistolas)

Después de que las balaceras callejeras, las masacres en cines y estudios televisivos y los ataques armados en escuelas han llenado a diario los encabezados de los diarios y los noticieros televisivos, Walmart acaba de anunciar que dejará de vender rifles de asalto en Estados Unidos.
Se sabe que además de alimentos y artículos para el hogar Walmart vende rifles de asalto AR-15 y otros rifles de cacería, y ahora la empresa acaba de anunciar que dejará de venderlos por la escasa demanda, más que por razones políticas o sociales.
¿Eso quiere decir que la poderosa firma comercial se ha ceñido a los intentos de Barack Obama por reducir la venta de armas al menudeo? No, de ninguna manera. La medida es simplemente un ajuste a las exigencias del mercado. Wlamart dejará de vender los rifles que vendía en la tercera parte de sus tiendas, pero serán reemplazados por pistolas y otras armas de cacería, artículos con mayor demanda. Para desgracia de sus proveedores, la firma Remington anunció un declive del 13.3% en la venta de armas el primer semestre del año, mientras Smith & Wesson sostuvo que su caída fue de un 12%.
Como el principal surtidor de armas y municiones en el país, Walmart ha estado en la mira de los críticos de la libre venta de armas, sobre todo después de la masacre de niños en Newtown, Connecticut. Pero esas son minucias, dirían los expertos en marketing. Lo que importa son las ventas, independientemente de lo que los consumidores hagan con el producto.