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Rehablitación en cárcel

Las cárceles son un infierno en todo el mundo. En Estados Unidos, donde habita el mayor número de reos del planeta -son 2.6 millones-, los reos son obligados a cumplir trabajos forzados, y algunas organizaciones comparan el sistema penitenciario con la esclavitud.

En México, según un estudio de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, existen 66 prisiones en las que gobiernan los propios internos, que son los que cobran por servicios básicos, extorsionan a los demás presos y aún los explotan sexualmente. Las autoridades fingen que no pasa nada, porque no pueden controlar la situación.

La situación de las cárceles en México es atroz. Domina la sobrepoblación, el hacinamiento en todos los rincones, la extorsión, el soborno y la existencia de grupos de custodios que cobran por los servicios básicos, como el agua, la comida y las visitas.

¿Es una situación generalizada en todas la cárceles del país? Si, pero existen grupos y actividades que salvan la situación. Por ejemplo, el teatro. Se ha documentado que «El hombre de la Mancha», una obra basada en El Quijote de Cervantes, ha sido puesta en escena por los propios reclusos, con resultados liberadores para los que representan la obra y los espectadores.

Otro caso es el del grupo de mujeres tejedoras han aparecido en Santa Martha Acatitla, el Penal de Neza Sur y Barrientos. En esos reclusorios, las reclusas realizan sesiones de tejidos como si fueran actividades terapéuticas, donde invierten su tiempo con creatividad, tejiendo bikinis de lana de varios colores y muñecos con figuras de animales, comparando sus creaciones entre ellas, y obteniendo ganancias con sus ventas.

Es una actividad ejemplar en un espacio donde prevalece la corrupción.

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