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Corrupción, patrimonio colectivo

Ayer apareció en The New York Times un artículo sobre la corrupción en México. Con vena periodística, el corresponsal del diario centra su texto en una supuesta confrontación abierta entre el presidente de la República y uno de los grandes empresarios de México, Claudio X. González. Según el periodista, en una reunión a puerta cerrada entre el presidente y un grupo selecto de empresarios -muchos de los cuales han apoyado al gobierno con declaraciones e inversiones cuantiosas-, Enrique Peña Nieto le dijo a bocajarro a Claudio X. González Laporte que su hijo debería de dejar de hablar y de criticar la corrupción en el gobierno. Algo francamente inusual, pero posible.

“Yo estoy orgulloso de mi hijo y de sus actividades”, respondió el empresario, representante durante años de la poderosa firma Kimberly Clark.

La oficina de Comunicación Social de Los Pinos negó la reunión y lo que ahí supuestamente se dijo. El hijo del empresario señaló que no sabía nada del asunto, y que se enteró de todo por la nota del diario de Nueva York.

Sin embargo, hay algunos cabos sueltos que apuntan hacia el fortalecimiento de la nota. Por una parte, en los últimos meses se han multiplicado las auditorías llevadas a cabo por el gobierno contra las organizaciones de Claudio X. González Guajardo, y por otra parte el hijo del poderoso empresario ha denunciado algunos intentos de espionaje por parte del gobierno a través de la tristemente célebre Pegasus. el sistema de espionaje utilizado con periodistas.

Los empresarios Claudio X. González, tanto el padre como el hijo, no son personajes comunes y corrientes. El padre, Claudio X. González Laporte, es el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, que agrupa a los empresarios que dirigen empresas como Banamex, Bachoco, Bimbo, Peñoles y Femsa, entre otras. Ha sido miembro de los consejos de administración de Grupo Carso, Televisa, J.P. Morgan, Alfa, General Electric, Unilever. Su peso es enorme. Algo más que un garbanzo de a libra.

Y Claudio X. González, el hijo, se ha distinguido por crear organizaciones sociales de apoyo a determinadas causas. Como presidente y fundador de Mexicanos Primero, izó la bandera de la reforma educativa contra las demandas retrógradas de la CNTE, y al apoyar los exámenes obligatorios para maestros fue criticado por ser un supuesto bastión de apoyo del gobierno. Posteriormente, dejó en otras manos la labor de Mexicanos Primero, y fundó con María Amparo Casar la organización llamada Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Y al parecer, esa labor ya no le gustó al actual gobierno.

El tema de la corrupción es envolvente, y ningún sector puede ser el representante exclusivo de esa plaga. Nadie quiere serlo, por supuesto, pero se trata de una práctica anidada en las propias estructuras del país. Es un hábito cotidiano que se desarrolla en las oficinas públicas y privadas, en las unidades de mando de las policías, en las delegaciones de la capital, en las calles y avenidas de las ciudades, en los ejidos y las comunidades del país.

Monstruo de varias cabezas, la corrupción es un mal que exige un cambio radical en la forma de vida de los mexicanos. No es solamente una acción del gobierno. Es una transformación social que requiere el conocimiento y la participación de todos.

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