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Huracanes y calor

La Tierra parece estar cobrando venganza de los hombres. Terremotos y huracanes confluyen para darle su merecido a la raza humana. Los temblores no tienen calendarios, pero los huracanes son mucho más predecibles. Estamos en plena temporada de tifones. Aparecen con una puntualidad astral. Pero resulta que, año tras año, son fenómenos mucho más peligrosos. Devastadores. Verdugos de ciudades enormes, azotes de pequeñas islas. Este año,  Harvey puso bajo el agua a Houston, la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos. Y ahí viene Irene. Tiene en la mira a Miami, y puede aniquilar a su paso a varios poblados aledaños en la península de la Florida. Y tras ella viene José, que también muestra su musculatura.

A correr todo mundo. Las autoridades, como les corresponde, han llamado a evacuar los principales blancos de huracanes en Florida y Georgia. Si la gente no se sale, puede repetirse el fenómeno mortal de Nueva Orleáns con el huracán Katrina, que se llevó la vida de 1,800 ciudadanos.

¿A qué obedece esta saña con la población? Parece el cumplimientos de una profecía bíblica, un castigo por los pecados carnales de los que habitan las costas. Pero no. Los científicos dicen que el cambio climático está detrás de tanta destrucción. Y para explicar la relación que existe entre el calentamiento de la Tierra y el furor de los huracanes, ponen algunos ejemplos muy sencillos. Las variables son  básicamente cinco:

  1. El calor atmosférico. Esto se puede observar en el interior de una cocina o un baño. El aire caliente se eleva, y al terminar la sopa o la ducha se observan pequeñas gotas de agua sobre el techo. Sobre el mar el efecto es la creación de una zona de baja presión debajo del aire caliente, y el ascenso de grandes cantidades de agua hacia la zona del calor.
  2. El calor de los mares. Una vez que nace el huracán, necesita combustible para su funcionamiento. Y eso se lo proporciona el calor del océano, que arroja mayores cantidades de agua hacia las nubes en movimiento.
  3. Las corrientes peligrosas. Desde hace tiempo se conocen las corrientes del océano, que transitan como supercarreteras que llevan el frío y el calor a diferentes partes del globo. Una de esas corrientes, encargada del hemisferio norte, se llama en inglés Atlantic Multi-decadal Oscillation . Su tarea es cambiar de caliente a fría a medida que se aproxima a la costa oeste de Norteamérica. Pero el incremento de calor puede mantenerla caliente más allá de lo acostumbrado, y trepar costa arriba hacia lugares donde los huracanes no llegaban. Esto explica la inundación de Nueva York con el huracán Sandy en 2012.
  4. El nivel del mar. Se sabe que con el calentamiento de la Tierra los glaciares se derriten y el nivel de los océanos se incrementa. Desde 1860, el nivel del mar ha crecido 20 cm. en promedio mundial. Esto no tiene nada que ver con los huracanes, pero la destrucción de los puertos se incrementa con el nivel de los océanos. En Galveston, que fue arrasado en días pasados por el huracán Harvey, el nivel del mar había llegado a los 32 cm. en ese lapso.
  5. El cielo limpio. Esto es una paradoja. En el último medio siglo, Estados Unidos logró una reducción del 70% en la contaminación atmosférica de sus ciudades, pero la liberación de dióxido sulfúrico y plomo ha permitido una mayor penetración de los rayos del sol. Y con la liberación de gases de efecto invernadero, un mayor calentamiento de la tierra, con las consecuencias señaladas.

Los científicos hablan. Pero la Casa Blanca no escucha.

(Información de la revista Time)

 

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